Durante 2025, Chaco contabilizó 10 femicidios, una cifra que, en relación con su población, colocó a la provincia entre las que presentan las tasas más altas del país, con 1,7 víctimas cada 100 mil mujeres, sólo por debajo de Santa Cruz, Misiones y Neuquén.
El dato forma parte del Reporte 2025 del Registro Nacional de Femicidios, Trans-Travesticidios y Femicidios Vinculados elaborado por el Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de MuMaLa, que dio cuenta de un año atravesado por más cantidad de asesinatos, mayor crueldad y un recrudecimiento del odio de género.
El informe, que relevó los casos ocurridos entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2025 en todo el territorio argentino, contabilizó 266 femicidios, once más que en 2024, lo que equivale a un asesinato por razones de género cada 33 horas. A pesar de que la tasa nacional se mantuvo estable en 1 femicidio cada 100 mil mujeres, el Observatorio advirtió que esa aparente estabilidad esconde una profundización de las violencias más extremas y una retirada del Estado en materia de prevención y asistencia.
En el caso específico del Chaco, los registros indicaron 8 femicidios directos y 2 femicidios vinculados, es decir, asesinatos cometidos para dañar a otra mujer o en el marco de un ataque dirigido a ella. La provincia no sólo integró el grupo con mayores tasas, sino que también reflejó las características que atraviesan al fenómeno a nivel nacional: la mayoría de los crímenes fueron perpetrados por personas del entorno cercano y, en muchos casos, dentro del propio hogar de las víctimas.
Según detalló MuMaLa, el 68% de los femicidios en el país fue cometido por parejas o exparejas, mientras que el 62% ocurrió en la vivienda de la víctima o en la que compartía con el agresor.
Estos datos, sostuvo el Observatorio, vuelven a confirmar que el ámbito doméstico continúa siendo el espacio más inseguro para mujeres y diversidades.
El relevamiento también dejó al descubierto otro indicador crítico: sólo el 15% de las mujeres asesinadas había denunciado previamente a su agresor, uno de los porcentajes más bajos desde que MuMaLa comenzó a sistematizar esta información en 2015. Incluso entre quienes habían logrado acceder al sistema judicial, las medidas de protección resultaron insuficientes: poco más de la mitad contaba con órdenes de restricción y apenas el 17% tenía botón antipánico.
Daños colaterales
A nivel nacional, el impacto social de estos crímenes volvió a ser devastador. Un total de 184 niñas, niños y adolescentes quedaron sin sus madres como consecuencia directa de los femicidios registrados en 2025. Casi la mitad de las víctimas tenía hijas o hijos a cargo, lo que expuso, una vez más, las consecuencias intergeneracionales de la violencia de género.
El informe advirtió además sobre un cambio cualitativo en las modalidades de los asesinatos, con un crecimiento de prácticas particularmente violentas. Las armas blancas y de fuego concentraron cada una el 27% de los casos, seguidas por los golpes, la asfixia y otros métodos que incluyeron quemaduras, torturas y acciones destinadas a ocultar los cuerpos. En el 17% de los femicidios se utilizaron mecanismos para deshacerse del cadáver o disimular el crimen, como enterramientos, descuartizamientos o el abandono en basurales y cursos de agua.
MuMaLa también puso el foco en la expansión territorial de los feminicidios en contextos de narcotráfico y crimen organizado, que durante 2025 representaron el 9% del total de casos. Si bien la mayor concentración se dio en Santa Fe y Buenos Aires, el Observatorio alertó que estas dinámicas, antes circunscriptas a determinadas regiones, comenzaron a replicarse en otras provincias, alimentadas por economías ilegales, disputas armadas y vínculos forzados de mujeres y jóvenes con organizaciones criminales.
En ese contexto, la organización denunció que el ajuste económico, la misoginia institucional y la proliferación de discursos de odio de género tuvieron consecuencias directas y extremas. “Los efectos de la eliminación de las políticas públicas contra la violencia machista y el negacionismo se manifiestan en los datos que arroja nuestro informe”, expresó la vocera nacional de MuMaLa, Victoria Aguirre, quien sostuvo que “la violencia en su forma más extrema se acrecentó y lo único que ha descendido es la respuesta estatal”.
Aguirre advirtió que durante el último año se sumaron modalidades femicidas vinculadas de manera directa a los discursos de odio, incluso aquellos que circulan y se legitiman en entornos virtuales. “El odio virtual pasa a la acción femicida y crece la presencia de torturas previas a los asesinatos”, afirmó, al tiempo que mencionó casos emblemáticos ocurridos en distintas provincias como expresión de ese fenómeno.
Desde MuMaLa insistieron en que el Estado argentino incumplió leyes nacionales y tratados internacionales con jerarquía constitucional en materia de género, dejando a mujeres y diversidades sexuales sin protección efectiva. En esa línea, el informe volvió a reclamar la declaración de la Emergencia Nacional en Violencia de Género, una medida que permitiría restituir y multiplicar recursos humanos y económicos destinados a la prevención, la asistencia y el acompañamiento integral de las víctimas.“Desde las organizaciones seguimos acompañando y visibilizando la realidad donde nos matan todos los días”, sostuvo Aguirre, quien remarcó que “es urgente que se declare la emergencia y se implementen políticas que garanticen la protección de manera inmediata”. La vocera subrayó que la persistencia de tasas elevadas en provincias como Chaco demuestra que la problemática no es aislada ni coyuntural, sino estructural y profundamente arraigada.
El reporte de MuMaLa cerró con una advertencia contundente: mientras las cifras se mantienen altas y las modalidades de violencia se diversifican, la ausencia de una respuesta estatal integral agrava el riesgo cotidiano para mujeres, niñas y diversidades en todo el país. En Chaco, donde la tasa de femicidios volvió a ubicarse entre las más elevadas, los números reflejaron con crudeza una realidad que, lejos de revertirse, continúa exigiendo medidas urgentes y sostenidas.

