Brasil resolvió dejar de representar los intereses diplomáticos de la Argentina en Venezuela, una función que había asumido tras la expulsión de los funcionarios argentinos de Caracas en 2024. La decisión fue comunicada formalmente a la Cancillería argentina, que ya acordó con Italia el traspaso de esa representación ante el gobierno venezolano.
El cambio se produce en el marco de un fuerte deterioro del vínculo político entre los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei, atravesado por cruces públicos, desconfianza mutua y diferencias estratégicas en política exterior. Según fuentes diplomáticas, la determinación fue adoptada directamente por Lula y se terminó de definir luego de un posteo de Milei en redes sociales que generó un fuerte malestar en el Palacio del Planalto.
El mensaje difundido por el presidente argentino incluía fragmentos de un discurso suyo en la última cumbre del Mercosur, en el que respaldaba una eventual presión militar de Estados Unidos sobre Venezuela. El video intercalaba imágenes de Lula y cerraba con una fotografía del mandatario brasileño abrazado a Maduro, un gesto que en Brasilia fue interpretado como una provocación directa.
La decisión brasileña expone el punto más bajo de la relación bilateral desde el retorno de la democracia en ambos países. Brasil había asumido la representación argentina en Caracas el 1° de agosto de 2024, luego de que el gobierno de Maduro expulsara a los diplomáticos argentinos tras el desconocimiento de las elecciones que le permitieron continuar en el poder. En ese contexto, la embajada argentina había quedado bajo fuerte presión del régimen chavista, en especial por el asilo otorgado a dirigentes cercanos a María Corina Machado.
El gesto de Brasilia había sido leído entonces como un intento de moderar el conflicto y evitar un vacío diplomático. Venezuela aceptó inicialmente esa representación, e incluso se izó la bandera brasileña en la sede argentina. Sin embargo, en septiembre intentó revocar el acuerdo, alegando supuestas actividades políticas dentro del edificio, lo que reflejaba también el creciente distanciamiento entre Lula y Maduro.
Ese enfriamiento quedó expuesto el 22 de octubre de 2024, cuando el presidente brasileño vetó la participación de Maduro como invitado en una cumbre de los BRICS realizada en Kazán. En ese marco, la asociación simbólica entre Lula y el líder chavista promovida desde la cuenta de Milei profundizó el malestar en el gobierno brasileño.
Las tensiones personales entre Milei y Lula vienen de antes. El presidente argentino sostiene que el mandatario brasileño intervino indirectamente en la campaña electoral de 2023 en favor de Sergio Massa, algo que Brasil niega. Lula, por su parte, considera agraviante que Milei lo haya acusado reiteradamente de corrupción y que haya participado de actos políticos junto a Jair Bolsonaro, su principal adversario interno.
Durante meses, equipos diplomáticos de ambos países intentaron contener el conflicto para preservar una relación estratégica clave para el Mercosur y para proyectos energéticos de gran escala, como el abastecimiento de gas de Vaca Muerta al mercado brasileño. Sin embargo, desde la última escalada verbal y simbólica, ese esfuerzo perdió eficacia.
En paralelo, la Cancillería argentina impulsa una agenda internacional alineada con gobiernos de derecha, con la aspiración de conformar un bloque de países afines. En ese marco, circuló la versión de que Argentina habría sido clave para frenar una declaración de la CELAC contra la injerencia de Donald Trump en Venezuela, promovida por Brasil y México. Fuentes diplomáticas de ambos países desmintieron esa versión y recordaron que ese organismo sólo emite pronunciamientos por consenso unánime.
La salida de Brasil de la representación argentina en Caracas agrega un nuevo elemento de tensión regional y abre interrogantes sobre el posicionamiento de países que, aun compartiendo afinidades ideológicas con el gobierno argentino, mantienen una relación fluida con Brasil, como Bolivia y Paraguay.

