El gobierno nacional oficializó un nuevo esquema regulatorio para los productos de nicotina mediante la resolución 549/2026, una normativa que introduce cambios sustanciales en el abordaje estatal sobre vapeadores, productos de tabaco calentado y bolsitas de nicotina.
La medida deja atrás el esquema prohibitivo vigente hasta el momento y establece un sistema basado en el registro obligatorio, la trazabilidad comercial y la implementación de estándares de calidad para fabricantes, importadores y comercializadores.
El nuevo marco apunta, según se informó oficialmente, a ordenar un mercado que creció de manera acelerada bajo condiciones de informalidad y escaso control estatal.
La resolución reconoce la existencia de un circuito comercial paralelo en el que numerosos dispositivos y sustancias ingresan al país sin fiscalización efectiva, sin certificaciones sanitarias y sin controles claros sobre su composición química.
En ese contexto, el Ejecutivo argumentó que la regulación permitirá fortalecer las herramientas de control aduanero, mejorar la identificación del origen de los productos y aplicar mecanismos de sanción sobre las ventas irregulares, además de avanzar en sistemas de tributación específicos para este mercado.
En paralelo al anuncio oficial, el médico cardiólogo Jorge Kriskovich expresó fuertes cuestionamientos hacia la medida durante una entrevista concedida al programa radial La Mañana de Natagalá.
El especialista sostuvo que el vapeo «es, al menos, tan nocivo y tan negativo como el cigarrillo», y advirtió que la expansión de estos dispositivos constituye actualmente «un gran problema de salud», especialmente por el incremento sostenido de su consumo entre adolescentes y jóvenes.
Kriskovich remarcó que las experiencias internacionales vinculadas a procesos de regulación y legalización de productos derivados del tabaco no lograron traducirse en mejoras sanitarias significativas. «Este tipo de medidas que tomó el gobierno ya han demostrado fracaso en épocas anteriores justamente con el cigarrillo», afirmó, al tiempo que consideró que el nuevo esquema normativo posee «un trasfondo más que nada recaudatorio» antes que una finalidad estrictamente preventiva o sanitaria.
El profesional sostuvo además que la discusión pública debería centrarse prioritariamente en el fortalecimiento de las restricciones de consumo y en la consolidación de políticas de ambientes libres de humo.
Según explicó, las legislaciones más restrictivas respecto del tabaco y sus derivados fueron las que lograron mejores resultados en términos de reducción del impacto sanitario y protección de la población frente a enfermedades asociadas al consumo de nicotina.
EL IMPACTO SANITARIO DEL VAPEO
Kriskovich insistió en que el tabaquismo continúa siendo «la principal causa de muerte evitable a nivel mundial», aun cuando en las últimas décadas se registró una disminución relativa del consumo de cigarrillos tradicionales.
En contrapartida, señaló que el crecimiento del vapeo y de otros productos electrónicos asociados a la nicotina se produjo de manera «increíble» y con una velocidad particularmente marcada en sectores adolescentes.
El cardiólogo explicó que el consumo de vapeadores pasó de representar menos del uno por ciento dentro de ciertos registros nacionales vinculados al tabaquismo a superar actualmente el 15% en algunas series parciales y relevamientos no oficiales. Aunque aclaró que las estadísticas disponibles no siempre son comparables entre sí, sostuvo que existe un consenso respecto de la expansión sostenida del fenómeno y su penetración transversal en distintos grupos etarios.
Asimismo, afirmó que una parte importante de la población comenzó a utilizar vapeadores bajo la creencia de que representan una alternativa menos dañina que el cigarrillo convencional.
Sin embargo, advirtió que estos dispositivos no funcionan como herramientas eficaces de cesación tabáquica. «Lo que hacen es mantener al individuo dentro de la adicción», señaló y agregó que muchos consumidores terminan sustituyendo una forma de dependencia por otra igualmente nociva.
En relación con las consecuencias médicas del vapeo, el especialista indicó que ya existen estudios internacionales que vinculan estos productos con patologías respiratorias severas, enfermedades cardiovasculares y potenciales procesos cancerígenos. Explicó que algunos dispositivos fueron asociados a cuadros de infiltración pulmonar altamente agresivos y a alteraciones vasculares capaces de incrementar el riesgo de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares.
El médico también manifestó preocupación por la falta de información precisa respecto de la composición de numerosos productos que ingresan actualmente al mercado argentino. «Todavía no tenemos reportes estrictos, incluso su composición en algunos casos no es del todo conocida», afirmó.
Regulación y control
Consultado sobre los modelos regulatorios implementados en otros países, Kriskovich explicó que las estrategias internacionales son diversas y, en muchos casos, contradictorias. Señaló que en distintas regiones de Europa y América del Norte nunca existieron prohibiciones absolutas sobre el vapeo o el tabaco, aunque sí se desarrollaron restricciones parciales orientadas a limitar el consumo en espacios públicos y ambientes cerrados.
El cardiólogo recordó que ciudades y estados de distintos países impulsaron ordenanzas específicas para consolidar espacios libres de humo, incluyendo playas, parques y áreas urbanas abiertas.
Según explicó, estas medidas permitieron reducir parcialmente la exposición social al humo y reforzar políticas de prevención, aunque no implicaron prohibiciones integrales a escala nacional.
En relación con la situación argentina, Kriskovich sostuvo que el verdadero eje de la discusión debería centrarse en el fortalecimiento de las herramientas de control y fiscalización. «No es la legalización el mecanismo», afirmó, al señalar que el Estado debería priorizar controles aduaneros más eficientes y garantizar que los productos derivados del tabaco se sometan a restricciones similares a las que rigen para el cigarrillo convencional.
El especialista también cuestionó la posibilidad de que el nuevo esquema derive en mecanismos de tributación orientados principalmente a la recaudación fiscal. «Yo creo que tiene más un fin recaudatorio que cuidado de la salud», sostuvo, y agregó que el Gobierno podría avanzar en la aplicación de impuestos específicos una vez consolidado el registro obligatorio de fabricantes y comercializadores.
Kriskovich consideró, además, que la legislación argentina sobre ambientes libres de humo constituye «una gran cosa para la salud argentina», dijo, aunque señaló que requiere una actualización que incorpore explícitamente a los vapeadores y dispositivos electrónicos.
Adolescencia, percepción social y consumo
Kriskovich alertó sobre la fuerte expansión del vapeo entre adolescentes. El profesional explicó que la combinación entre estrategias de marketing, saborizaciones atractivas y la percepción social de menor riesgo favoreció una rápida aceptación de estos dispositivos entre jóvenes. «Había una propaganda de que estos vaporizadores podían servir incluso para dejar de fumar, como que eran menos nocivos», recordó.
Según detalló, durante la primera etapa de difusión masiva de los cigarrillos electrónicos existió una narrativa comercial orientada a presentar al vapeo como una alternativa más segura frente al cigarrillo tradicional. Esa percepción se consolidó especialmente en generaciones que crecieron durante la implementación de campañas públicas contra el tabaquismo clásico y que asociaron el daño sanitario únicamente al cigarrillo convencional.
El especialista explicó que los vapeadores ingresaron al mercado con una estética distinta, aromas saborizados y formatos tecnológicos que facilitaron su aceptación social. «Está bien que el cigarrillo hace mal, pero con este no tenés problema y encima viene saborizado», describió al referirse al discurso promocional que predominó durante los primeros años de comercialización de estos productos.
Además, señaló que el componente cultural y psicológico de la adolescencia también desempeña un papel determinante en la expansión del vapeo.
Según expresó, las conductas transgresoras y la búsqueda de aceptación grupal propias de esa etapa vital favorecen la experimentación temprana con dispositivos electrónicos vinculados a la nicotina, particularmente cuando existe una percepción social de baja peligrosidad.
En ese marco, sostuvo que las campañas de prevención y las políticas sanitarias deberían actualizarse para incorporar específicamente a los vapeadores y demás productos electrónicos derivados del tabaco.
A su entender, muchas normativas vigentes fueron elaboradas en un contexto en el que estos dispositivos tenían una presencia marginal, situación que cambió de manera radical en la última década.

