La malnutrición infantil continúa siendo una de las expresiones más visibles de la desigualdad social en Argentina. Así lo sostuvo Claudia Leguiza, presidenta de la Fundación Conin Barranqueras, al analizar los resultados de un informe elaborado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet que alertó sobre los problemas nutricionales que afectan a miles de niños y niñas en el país.
Durante una entrevista con radio Libertad, Leguiza explicó que el fenómeno debe ser abordado desde una perspectiva integral, ya que está estrechamente relacionado con la pobreza, las condiciones socioeconómicas de las familias y la falta de educación alimentaria.
“La pobreza en sí es multidimensional. Distintas dimensiones la atraviesan y esto no está ajeno. Acá es como decir quién estuvo primero, si el huevo o la gallina, si la pobreza o la malnutrición”, sostuvo.
La referente de Conin indicó que los datos difundidos reflejan dos problemáticas que suelen convivir dentro de los sectores más vulnerables: el retraso en el crecimiento y el sobrepeso u obesidad infantil.
Una señal
de alarma
Leguiza explicó que uno de los indicadores más preocupantes es el retraso en el crecimiento, una condición que evidencia carencias nutricionales sufridas durante los primeros años de vida.
“El retraso en el crecimiento no es un dato menor. Ya es la consecuencia de haber tenido bajo peso o haber estado en algún grado de desnutrición”, afirmó.
Según detalló, los profesionales evalúan distintos parámetros para determinar si un niño presenta dificultades en su desarrollo, entre ellos la talla, el perímetro cefálico y la edad. Cuando esos valores se encuentran por debajo de los estándares esperados, generalmente reflejan una deficiencia nutricional acumulada.
“Si tenemos un niño o una niña que ya viene con un déficit de crecimiento, quiere decir que su desarrollo en los primeros días de vida no fue el adecuado. Esto habla de una carencia de nutrientes”, explicó.
Para la presidenta de Conin Barranqueras, detrás de esos indicadores suele encontrarse una realidad marcada por las dificultades económicas que enfrentan las familias para garantizar una alimentación suficiente y de calidad.
“Estamos hablando de niños y niñas en situación de vulnerabilidad. Quiere decir que no tuvieron para comer o no se alimentaron correctamente”, señaló.
El costo de alimentarse
Uno de los aspectos que Leguiza destacó fue el incremento sostenido del costo de los alimentos básicos, especialmente aquellos destinados a la primera infancia.
Como ejemplo, mencionó el precio de la leche en polvo, considerada un complemento fundamental cuando la lactancia materna no resulta suficiente o no puede sostenerse.
“Una caja de leche de 800 gramos debería alcanzar para alimentar a un niño durante una semana. Hoy una caja de leche entera en polvo no cuesta menos de ocho mil pesos, incluso cuando está de oferta”, indicó.
La dirigente social remarcó que muchas veces los indicadores estadísticos se concentran únicamente en los ingresos familiares, sin contemplar las diferencias regionales en los costos de vida.
“Cuando el Indec mide, mide ingresos. Pero no es lo mismo un millón y medio de pesos en el Chaco que en otras provincias. Nosotros tenemos costos de transporte y de comercialización que terminan impactando en el precio final de los productos”, sostuvo.
Según explicó, esa situación reduce el poder adquisitivo de los hogares y dificulta aún más el acceso a alimentos nutritivos.
Cuando comer
no alcanza
Leguiza aclaró que la malnutrición no siempre está asociada a la falta de comida. En muchos casos, los niños reciben alimentos en cantidad suficiente, pero carecen de los nutrientes necesarios para un crecimiento saludable.
En ese sentido, señaló que el sobrepeso y la obesidad también constituyen formas de malnutrición y representan un desafío creciente para las organizaciones que trabajan con la infancia.
“Acá entra en juego también la educación. Ese niño come, pero la pregunta es qué come”, expresó.
La presidenta de Conin sostuvo que muchas familias reciben algún tipo de asistencia económica estatal, pero no cuentan con herramientas suficientes para elegir alimentos que aporten nutrientes esenciales.
“¿Le enseñamos a la madre cómo invertir su dinero para incorporar nutrientes y que, en lugar de generar obesidad y sobrepeso, genere un crecimiento adecuado? No, no le estamos enseñando”, afirmó.
A su entender, las políticas públicas deberían combinar la asistencia económica con programas de educación alimentaria que permitan mejorar la calidad de la dieta familiar.
Los casos de la fundación
Respecto de la realidad que observan diariamente en la Fundación Conin Barranqueras, Leguiza indicó que la mayoría de los casos corresponden a situaciones intermedias, donde los niños todavía presentan un peso adecuado, pero enfrentan un alto riesgo de deterioro nutricional.
“Estamos recibiendo muchos niños eutróficos. Son niños que tienen peso adecuado para su edad, pero que según la evaluación social presentan un riesgo alto de caer en una situación de malnutrición”, explicó.
En esos casos, el trabajo se centra principalmente en fortalecer a las familias mediante talleres y acompañamiento permanente.
“Hay que fortalecer a la madre y enseñarle a optimizar sus recursos para que pueda comprar alimentos que aporten a un buen crecimiento”, señaló.
Sin embargo, también existen situaciones más complejas.“Tenemos desnutridos crónicos. Son niños que llegaron con la talla y el peso afectados. Esos casos requieren un seguimiento permanente”, indicó.
Leguiza aclaró que la desnutrición crónica no necesariamente coincide con la imagen extrema que suele instalarse en el imaginario social. “Cuando hablamos de desnutrición muchas veces pensamos en un niño extremadamente deteriorado. Ese cuadro no es el que encontramos habitualmente. Lo que vemos son niños que llegaron con secuelas en su crecimiento”, explicó.
Los primeros
mil días
La presidenta de Conin insistió en la importancia de la alimentación durante los primeros mil días de vida, una etapa considerada clave para el desarrollo físico y cognitivo.
“Fíjense hasta dónde llega la cuestión de la falta de educación alimentaria, sobre todo en la etapa de la primera infancia o de los primeros mil días”, sostuvo.
Según explicó, las deficiencias nutricionales durante ese período pueden dejar secuelas permanentes y limitar el potencial de desarrollo de una persona.
Por ello, remarcó la necesidad de actuar de manera temprana, antes de que los problemas nutricionales se conviertan en daños irreversibles.
La contención
de las madres
Otro de los aspectos destacados por Leguiza fue el rol que cumplen las madres en el proceso de recuperación nutricional de los niños.
La dirigente explicó que la metodología de Conin no se limita al seguimiento médico, sino que incluye talleres de cocina, educación alimentaria, acompañamiento social y espacios de contención emocional. “Las madres encuentran contención. Nosotros trabajamos para fortalecerlas y ayudarlas a salir adelante”, expresó.
Según indicó, muchas mujeres atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad económica y social, además de afrontar solas las tareas de crianza.“Tenemos 40 mamás asistiendo a la fundación y solamente un papá participa de manera regular”, comentó.
La ausencia paterna constituye una realidad frecuente dentro de los sectores más vulnerables, lo que incrementa las responsabilidades y dificultades que enfrentan las mujeres. “Hay muchos casos donde el progenitor está ausente. También existen situaciones donde la crianza queda a cargo de una abuela o de una tía por decisión judicial o por problemas de salud de la madre”, explicó.
una mirada integral
Leguiza destacó que la lucha contra la malnutrición requiere un abordaje multidisciplinario que involucre a profesionales de la salud, trabajadores sociales, nutricionistas y organizaciones comunitarias.
Asimismo, aclaró que la fundación trabaja exclusivamente con niños que no presentan patologías de base, mientras que los casos que requieren tratamientos especializados son derivados al sistema sanitario.
“Cuando detectamos una patología, la intervención debe realizarse rápidamente junto con los especialistas y el sistema de salud”, sostuvo.
Finalmente, la presidenta de Conin Barranqueras insistió en que la pobreza y la malnutrición constituyen problemas profundamente vinculados y que deben abordarse de manera simultánea.
“La malnutrición no puede analizarse por separado de la realidad social. Detrás de cada niño hay una familia que necesita acompañamiento, educación y oportunidades para poder garantizar una alimentación adecuada”, concluyó.

