El aumento sostenido del precio de los alimentos continúa impactando de lleno en el bolsillo de los argentinos. Durante el primer semestre de 2026 la Canasta Básica Alimentaria acumuló un incremento del 22,6%, mientras el consumo masivo permanece sin señales concretas de recuperación. En ese escenario, desde la Cámara de Supermercados del Chaco advirtieron que la demanda continúa deprimida y que las familias redujeron sus compras al mínimo indispensable para llegar a fin de mes.
El diagnóstico fue realizado por Miguel Simons, referente del sector supermercadista provincial,en contacto con Radio Libertad luego de conocerse el informe correspondiente a junio elaborado por la Fundación Colsecor, que relevó la evolución de los precios en 30 localidades medianas y pequeñas de siete provincias argentinas.
Para el empresario, el incremento de los alimentos no implica una mejora de las ventas. Por el contrario, sostuvo que la pérdida del poder adquisitivo sigue condicionando las decisiones de compra, especialmente entre los trabajadores informales y los hogares de menores ingresos.
«La demanda sigue deprimida y no puede reaccionar porque el poder adquisitivo de la población es bajo. Además, hay una gran cantidad de personas en situación informal que recibe menos de lo que correspondería por su trabajo», explicó Simons.
El dirigente consideró que esa situación constituye hoy uno de los principales obstáculos para la recuperación del comercio minorista, ya que el consumo continúa sin mostrar una reacción sostenida pese a la desaceleración observada en algunos indicadores de inflación.
recalcular cada compra
La pérdida de ingresos modificó profundamente los hábitos de compra. Según explicó Simons, durante los últimos años los consumidores comenzaron a reemplazar primeras marcas por alternativas más económicas para intentar sostener el volumen de compra sin incrementar el gasto mensual.Sin embargo, esa estrategia también empezó a perder efectividad.
El referente supermercadista sostuvo que actualmente la diferencia de precios entre las marcas líderes y las segundas marcas se redujo considerablemente.
«La diferencia entre las primeras y las segundas marcas ya no es tan importante como antes. Hoy, en muchos rubros, apenas llega al 4 o 5 por ciento, cuando antes rondaba entre el 18 y el 20 por ciento», señaló.
Según explicó, esa reducción no responde a una mejora en la competitividad sino al complejo escenario que atraviesan las pequeñas y medianas industrias.
«Las pymes están cada vez en menores condiciones de competir por el costo de los insumos, los impuestos y las cargas laborales», sostuvo.
Como consecuencia, los consumidores encuentran menos margen para abaratar sus compras simplemente cambiando de marca.
La canasta básica
La transformación del consumo también quedó reflejada en la composición de las góndolas.
Simons describió un escenario donde prácticamente desapareció la compra de productos considerados prescindibles y el gasto quedó concentrado en los alimentos esenciales. «El consumo ya quedó marcado dentro de una canasta básica. La presencia de productos suntuarios es muy escasa», afirmó.
El supermercadista explicó que hoy predominan productos como aceite de girasol, harina, azúcar, sal, arroz y otros artículos indispensables para la alimentación cotidiana.
En cambio, alimentos de mayor valor agregado como aceites de oliva, conservas de pescado, encurtidos y otras especialidades redujeron notablemente el espacio que ocupan en las góndolas debido a la baja demanda.
Para Simons, esa realidad constituye una muestra concreta del deterioro del poder de compra de los hogares, que priorizan exclusivamente los productos indispensables.
Los lácteos en retracción
Uno de los rubros más afectados por la caída del consumo continúa siendo el de los lácteos.
El empresario explicó que únicamente mantienen una demanda relativamente estable productos básicos como la leche fluida, los quesos blandos y los yogures familiares.
En cambio, disminuyó significativamente la venta de yogures individuales, postres, flanes, cremas, quesos untables y otros productos de mayor valor. «Uno ve la cantidad de ofertas que tienen los lácteos y cuando mira la fecha encuentra que les faltan pocos días para vencerse», describió.
Según indicó, las promociones permanentes que ofrecen las grandes cadenas reflejan las dificultades para sostener la rotación de esos productos.
Simons añadió que muchas industrias lácteas logran compensar parcialmente esa situación mediante las exportaciones, aunque aclaró que el mercado interno continúa mostrando una marcada debilidad.
El Mundial generó
ventas puntuales
Consultado sobre el impacto económico del Mundial de fútbol, Simons sostuvo que el evento produjo un incremento temporal de las ventas, aunque muy focalizado en determinados rubros.
Las principales beneficiadas fueron las tiendas de cercanía, los comercios abiertos las 24 horas, bares, restaurantes y los servicios de delivery.
En los supermercados el movimiento se concentró en bebidas alcohólicas, gaseosas, snacks, fiambres y productos destinados a preparar picadas para ver los partidos.
«En la facturación general del supermercado prácticamente no incidió. El movimiento fue importante en negocios de proximidad, gastronomía y delivery, pero solamente durante los partidos», explicó.
Según precisó, no se trató de un aumento permanente del consumo sino de un traslado del gasto hacia momentos muy específicos.
presupuesto familiar límite
El referente supermercadista señaló que incluso durante los encuentros más importantes del torneo los consumidores mantuvieron una actitud prudente.
Los festejos no implicaron un incremento del presupuesto destinado a la alimentación sino una redistribución de los gastos semanales. «Lo que una familia gastaba para hacer un asado o una picada durante un partido después lo tenía que ahorrar durante el resto de la semana porque el presupuesto seguía siendo el mismo», resumió.
Para Simons, ese comportamiento refleja con claridad la situación económica de los hogares argentinos, donde cualquier gasto extraordinario obliga posteriormente a resignar otras compras.
Un consumo sin recuperación
El panorama que describen los supermercadistas chaqueños coincide con distintos indicadores nacionales que muestran un mercado interno todavía debilitado.
Aunque la inflación exhibe una desaceleración respecto de períodos anteriores, el poder adquisitivo continúa sin recuperarse al mismo ritmo y eso mantiene retraído el consumo.
En ese contexto, el crecimiento de los precios no se traduce en un aumento equivalente de la facturación por volumen de ventas. Por el contrario, las familias compran menos unidades, sustituyen productos y concentran sus recursos en una canasta cada vez más reducida.
Desde el sector consideran que la recuperación dependerá, fundamentalmente, de una mejora sostenida de los ingresos reales y de la capacidad de compra de los hogares.
Mientras eso no ocurra, advirtió Simons, el consumo continuará limitado a los alimentos esenciales y los supermercados seguirán observando un mercado que, pese al paso de los meses, aún no logra salir del estancamiento.

