La agenda de preocupaciones en la Argentina dio un giro significativo. Aunque la suba de precios sigue impactando en la vida cotidiana, la inflación dejó de ser el principal problema para la ciudadanía, desplazada por el deterioro del poder adquisitivo y la falta de empleo.
Así lo refleja el último relevamiento de la Universidad de San Andrés, que ubicó a los bajos salarios (37%) como la principal inquietud, seguida de cerca por la falta de trabajo (36%) y la corrupción (33%).
El informe evidencia que las preocupaciones vinculadas al ingreso y al mercado laboral atraviesan a todos los sectores sociales, sin grandes diferencias por edad, género o nivel socioeconómico.
Los datos muestran que:
-El problema salarial impacta con más fuerza en sectores medios y en personas de entre 44 y 59 años
-La falta de empleo golpea especialmente a los sectores más vulnerables
-Ambas variables lideran el ranking incluso entre votantes de distintos espacios políticos
Este fenómeno marca un cambio de prioridades: la discusión ya no pasa solo por cuánto suben los precios, sino por cuánto rinde el sueldo y si alcanza para sostenerse.
Inflación, inseguridad y pobreza pierden peso
En contraste, temas históricamente centrales retrocedieron en la lista de preocupaciones:
-Inseguridad: 30%
-Pobreza: 27%
-Inflación: 20%
El dato resulta llamativo, ya que la inflación mantiene una tendencia alcista en los últimos meses, pero ya no concentra la principal angustia social. El estudio también refleja un deterioro en el humor social. Solo el 33% de los encuestados se mostró conforme con la situación del país, mientras que un 65% expresó insatisfacción.
En paralelo:
-El 56% cree que el país empeoró en el último año
-El 46% considera que la situación seguirá deteriorándose
-Solo el 30% mantiene expectativas de mejora
Este escenario se traduce en un aumento de la desaprobación hacia el Gobierno y una percepción creciente de crisis institucional.
Una preocupación transversal
Uno de los datos más relevantes del informe es la coincidencia entre distintos sectores políticos: salarios, empleo y corrupción aparecen como los principales problemas sin importar la orientación del voto. Esto sugiere que el malestar económico se consolidó como un factor común que atraviesa a toda la sociedad, más allá de las diferencias partidarias.
El relevamiento concluye que se está produciendo una reconfiguración de las prioridades sociales, donde los problemas concretos del día a día —como llegar a fin de mes o conseguir trabajo— desplazan a otros ejes que dominaron la discusión en años anteriores.
En ese contexto, el desafío para la dirigencia no solo pasa por estabilizar variables macroeconómicas, sino por dar respuestas directas a la pérdida de ingresos y la incertidumbre laboral, hoy en el centro de la preocupación ciudadana.

