En un momento atravesado por el desgaste de imagen, conflictos salariales y reclamos sociales, el gobernador Leandro Zdero decidió mover fichas clave dentro de su gabinete y oficializó este viernes una reconfiguración política que expone la necesidad de recuperar iniciativa, fortalecer el territorio y ordenar la gestión interna.

El retorno de Carim Peche a la administración pública. Después de unos meses sin cargo -en diciembre de 2025 dejó de ser diputado- ahora se suma a la gestión de Zdero como Ministerio de Gobierno, Justicia, Trabajo y Derechos Humanos, en reemplazo de Julio Ferro. Este último tomó otro lugar debido al enroque que hizo el Zorro.
En el Salón Obligado de Casa de Gobierno, el mandatario tomó juramento a Carolina Meiriño como secretaria de Coordinación de Gabinete, Julio Ferro como secretario General de la Gobernación y Carim Peche como nuevo ministro de Gobierno, Justicia, Trabajo y Derechos Humanos.
Los cambios se producen tras la salida de Livio Gutiérrez, quien dejó la Secretaría de Coordinación de Gabinete para asumir al frente del Nuevo Banco del Chaco, una decisión que ya había sido leída en el ámbito político como un movimiento de fuerte peso estratégico.



Leandro Zdero reordenó su gabinete con la jura de Carim Peche, Julio Ferro y Carolina Meiriño en áreas clave, en medio de la caída de imagen y la necesidad de fortalecer gestión, territorio y control político en Chaco.
Pero el recambio no se explica solo por la ingeniería interna del poder. Llega en una provincia atravesada por conflictos abiertos en casi todos los frentes de gestión. El sistema de salud pública arrastra reclamos por falta de insumos, demoras y crisis hospitalaria; en educación persiste la tensión con los gremios docentes por salarios, cláusula gatillo y condiciones laborales; el sector productivo reclama respuestas frente a la presión impositiva, la falta de obras estratégicas y la incertidumbre económica, mientras que en el plano social el Chaco enfrenta niveles alarmantes de pobreza, caída del consumo y creciente demanda de asistencia estatal, un escenario que profundiza el malestar ciudadano y obliga al Gobierno a buscar una reacción política urgente.
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La llegada de Carim Peche al Ministerio de Gobierno no es un dato menor. Se trata de una de las áreas más delicadas de la administración, atravesada por la relación con sindicatos, municipios, fuerzas de seguridad, justicia y conflictos laborales.
En ese contexto, Peche dejó un mensaje que revela el objetivo político del recambio:
“Este ministerio es de alta sensibilidad, pero hay que tener decisión, territorio, sensibilidad y diálogo”, sostuvo tras asumir.
La frase deja entrever que la Casa de Gobierno busca más presencia política en la calle -una promesa del Zorro que hasta ahora poco se cumplió- y mayor capacidad de negociación, en una etapa donde la gestión enfrenta tensiones crecientes con docentes, estatales y sectores de la policía.
Ferro, el hombre de confianza para el control fino
Otro de los movimientos más significativos fue el enroque de Julio Ferro en la Secretaría General, un lugar neurálgico para la administración diaria y el seguimiento de expedientes.
El propio funcionario admitió que llega por el nivel de confianza del gobernador y con una misión clara: imprimir mayor velocidad a la gestión.
“Tenemos que llevar respuestas concretas a la gente”, señaló, al anticipar una impronta de mayor celeridad, eficacia y control administrativo, y de alguna manera reconociendo una de las debilidades de la gestión del Zorro.
La lectura política es directa: en medio de cuestionamientos por demoras, falta de respuestas y malestar social, Zdero apuesta a un perfil técnico-político que le permita mostrar resultados más rápidos y mejorar la percepción de gestión.
Meiriño y la coordinación del poder
El ascenso de Carolina Meiriño a la Secretaría de Coordinación de Gabinete también refuerza la idea de un reordenamiento orientado al control político interno.
Desde ese lugar, manejará la articulación entre ministerios, el seguimiento de prioridades y la ejecución de decisiones estratégicas del Ejecutivo.
Su definición fue contundente:
“Lo que funciona se va a intensificar, lo que hay que reorganizar se va a reorganizar”.
La frase sintetiza la lógica del nuevo esquema: profundizar lo que el Gobierno considera ordenado, pero corregir áreas donde la gestión no logra impacto territorial ni resultados visibles.
Un mensaje puertas adentro y hacia afuera
Más allá de la formalidad de las juras, el movimiento del gabinete tiene una lectura política inevitable: Zdero intenta recuperar centralidad en un contexto donde su imagen comenzó a resentirse y la calle muestra señales de malestar.
El recambio no solo busca oxigenar nombres, sino también blindar áreas estratégicas, reforzar la conducción política y mejorar la capacidad de respuesta del Estado.
La incógnita ahora es si el cambio de nombres alcanzará para modificar el humor social o si solo representa un reacomodamiento de poder dentro de un gabinete que empieza a mostrar señales de desgaste prematuro.

