El comercio minorista pyme volvió a mostrar señales de debilidad en marzo. Según el último relevamiento difundido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas a precios constantes registraron una caída interanual del 0,6%, mientras que en la comparación desestacionalizada frente a febrero se observó un descenso del 0,4%. Con estos resultados, el indicador acumula una retracción del 3,6% en lo que va de 2026, consolidando un inicio de año marcado por la cautela y la pérdida de dinamismo del consumo.
El informe, elaborado a partir de un relevamiento realizado entre 1.197 comercios de todo el país, reflejó además un escenario heterogéneo entre rubros, aunque con predominio de resultados negativos. Cinco de los siete sectores relevados cerraron marzo en terreno contractivo, con caídas más pronunciadas en perfumería y en bazar, decoración y muebles. En contraste, solo farmacia y ferretería lograron sostener cifras positivas.
Desde la entidad empresaria señalaron que el desempeño del mes estuvo condicionado por la persistente pérdida del poder adquisitivo de los hogares, el incremento de los costos operativos y la dependencia creciente del financiamiento para sostener el nivel de actividad. En ese marco, los comerciantes describieron un consumo más selectivo, enfocado en bienes esenciales y con menor margen para gastos discrecionales.
ventas en retroceso
El dato central del informe confirmó la continuidad de una tendencia descendente que ya se había manifestado en meses previos. La caída interanual del 0,6% se sumó a la baja mensual del 0,4%, evidenciando que la actividad comercial no logró recuperar impulso en el corto plazo.
Desde CAME sostuvieron que, si bien algunos factores estacionales como el inicio del ciclo lectivo contribuyeron a dinamizar segmentos específicos, el impacto general fue limitado. El gasto de las familias se concentró principalmente en productos de primera necesidad, lo que redujo el volumen de ventas en otros rubros.
En términos generales, el comportamiento del consumidor se caracterizó por compras más cuidadosas, menor cantidad de unidades por ticket y una fuerte búsqueda de precios y promociones. Esta dinámica, indicaron, responde tanto a la inflación acumulada como a la caída de los ingresos reales.
Sectores en caída
El análisis por rubros evidenció que las mayores caídas se registraron en perfumería (-9,8%) y en bazar, decoración, textiles de hogar y muebles (-8,3%). En ambos casos, se trata de segmentos vinculados al consumo no esencial, lo que los vuelve más sensibles a los ajustes en el presupuesto familiar.
En el caso de perfumería, los comerciantes señalaron que la suba de precios actuó como un factor limitante para la demanda. “El gasto de los hogares se concentró en artículos de higiene básica, postergando la compra de productos de estética y cuidado personal”, indicaron desde el informe. Esta situación derivó en una caída del volumen de unidades vendidas, especialmente en locales físicos.
Por su parte, el rubro de bazar y muebles evidenció una retracción significativa, explicada por la postergación de gastos vinculados al equipamiento del hogar. Los empresarios consultados señalaron que la prioridad de las familias estuvo puesta en cubrir necesidades básicas y gastos escolares, dejando en segundo plano la renovación de mobiliario o artículos decorativos.
En ambos sectores, el uso de tarjetas de crédito y promociones bancarias se consolidó como una herramienta clave para concretar operaciones, aunque no logró revertir la tendencia general negativa.
Alimentos y consumo básico
El rubro alimentos y bebidas registró una baja interanual del 0,9%, en un contexto donde el consumo se mantuvo activo pero con cambios significativos en los hábitos de compra. El informe destacó una migración hacia segundas marcas y una mayor utilización de promociones para sostener el nivel de demanda.
Los comerciantes indicaron que el aumento de precios en productos frescos y carnes redujo el volumen de compras, generando tickets más acotados. Además, se observó una mayor concentración de la actividad en comercios de cercanía y zonas escolares.“El comportamiento de compra se volvió más cauteloso y fraccionado, sujeto a la disponibilidad de dinero de los clientes”, sostuvieron, al tiempo que advirtieron que la evolución futura del rubro dependerá de la estabilización de precios y la recomposición de los ingresos.
Rubros que resistieron
En contraposición, dos sectores lograron cerrar el mes con resultados positivos. Farmacia registró un crecimiento interanual del 1,1%, impulsado por la demanda estacional de productos vinculados al inicio de los primeros fríos y el ciclo escolar. Desde el sector señalaron que el consumo se concentró en medicamentos esenciales y productos de salud básica, mientras que categorías como cosmética mostraron una retracción. También advirtieron sobre demoras en los reintegros de obras sociales y un incremento en el uso de medicamentos genéricos.
En tanto, el rubro ferretería, materiales eléctricos y de la construcción mostró un crecimiento del 2%. Este desempeño estuvo asociado a la demanda de insumos para reparaciones hogareñas y mantenimiento edilicio, especialmente tras el período estival.
Sin embargo, los comerciantes advirtieron que la actividad se sostuvo en operaciones de menor escala, con alta frecuencia de consultas y presupuestos previos antes de concretar ventas. “La restricción de liquidez obliga a un uso intensivo del financiamiento para cerrar operaciones”, indicaron.
sostenido
por el crédito
Uno de los aspectos más destacados del informe fue el rol central del financiamiento en la dinámica comercial. En prácticamente todos los rubros, los comerciantes coincidieron en que las promociones bancarias, los pagos en cuotas y las facilidades crediticias resultaron determinantes para sostener las ventas.
Esta dependencia del crédito, señalaron, responde a la falta de liquidez en los hogares y a la necesidad de distribuir el gasto en el tiempo. Sin embargo, también advirtieron que este esquema no resulta sostenible en el largo plazo si no se produce una recuperación del poder adquisitivo.
A su vez, el incremento de los costos operativos —incluyendo servicios, logística e impuestos— continuó presionando sobre los márgenes de rentabilidad, generando un escenario de mayor fragilidad para los comercios.
Expectativas: cautela
En cuanto a las perspectivas para los próximos meses, el relevamiento reflejó un clima de cautela entre los empresarios. El 48% de los consultados consideró que las ventas se mantendrán en los niveles actuales, mientras que el 39,7% se mostró optimista respecto a una posible mejora. En tanto, el 12,4% anticipó un escenario de mayor deterioro.
La incertidumbre se trasladó también al plano de las inversiones. El 59,1% de los comerciantes calificó el contexto actual como “no apto” para realizar nuevos desembolsos, frente a apenas un 13,1% que lo consideró una oportunidad. Un 27,7% manifestó no tener una posición definida.
Desde CAME interpretaron estos datos como un reflejo de la falta de previsibilidad en el entorno económico y de las dificultades para proyectar a mediano plazo. “La baja predisposición a invertir consolida un escenario de cautela operativa”, señalaron.
Comercio electrónico
El informe incorporó además un apartado específico sobre ventas digitales, a partir de un nuevo seguimiento de comercios con operatividad mixta. Esta metodología permite analizar el desempeño de las transacciones realizadas a través de canales online.
Desde la entidad explicaron que se considera venta electrónica a toda transacción en la que el pedido del producto o servicio se realiza mediante un medio digital, independientemente del canal de pago o la modalidad de entrega.
Si bien no se detallaron cifras específicas en esta primera medición, los comerciantes destacaron un crecimiento sostenido del canal digital, especialmente en contextos de retracción del consumo presencial. No obstante, también señalaron que la competencia informal y las plataformas de bajo costo representan un desafío creciente.
Un consumo condicionado
El panorama que dejó marzo consolidó la imagen de un consumo condicionado por múltiples factores: ingresos ajustados, precios elevados, costos crecientes y acceso limitado al crédito. En este contexto, el comercio minorista pyme enfrenta el desafío de sostener la actividad en un escenario de alta incertidumbre. Desde CAME sostuvieron que la evolución del sector dependerá en gran medida de la recuperación del poder adquisitivo y de la estabilidad macroeconómica.

