El Semáforo de Economías Regionales correspondiente a marzo de 2026 volvió a exhibir un escenario crítico para buena parte de las actividades productivas del país, con nueve producciones ubicadas en rojo y sin modificaciones respecto del mes anterior.
El relevamiento mostró que las dificultades estructurales continúan afectando especialmente a sectores donde los precios percibidos por los productores permanecen estancados o evolucionan por debajo de la inflación y del aumento de los costos operativos, deteriorando la rentabilidad y dificultando cualquier recuperación sostenida.
Entre las actividades que permanecieron en situación crítica se encuentran la yerba mate, el arroz, la papa, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, el maní, la leche y la mandioca.
En la mayoría de estos sectores, el principal problema radica en el componente de negocio, indicador que evalúa la relación entre precios y costos. El informe señaló que los valores pagados al productor no lograron acompañar la dinámica inflacionaria ni el incremento de gastos vinculados a insumos, logística, energía y financiamiento.
El sistema de evaluación utilizado por el semáforo analiza tres componentes centrales: negocio, productivo y mercado. El primero mide la evolución de precios y costos tanto mensual como interanual; el segundo observa superficie sembrada, stock y niveles de producción; mientras que el tercero estudia exportaciones, importaciones y consumo interno.
La combinación de estos factores permite determinar la situación de cada economía regional y clasificarla en verde, amarillo o rojo según su desempeño integral.
El informe indicó que durante marzo se mantuvieron cuatro actividades en verde, seis en amarillo y nueve en rojo, reflejando un escenario de estancamiento generalizado. A pesar de algunos indicadores positivos en exportaciones y consumo en determinadas cadenas productivas, la persistencia de elevados costos operativos y la pérdida de poder adquisitivo de los precios recibidos por los productores continúan condicionando la sustentabilidad de numerosos sectores regionales.
Dentro de las producciones más comprometidas sobresalen aquellas que arrastran dificultades históricas. La vitivinicultura, por ejemplo, aparece como uno de los casos más críticos del relevamiento de largo plazo, con indicadores en rojo en más del 70% de los meses analizados desde la creación del semáforo hace más de ocho años. También presentan elevados niveles de deterioro histórico la actividad arrocera, la citricultura y la lechería, que registraron permanencias prolongadas en situación crítica.
PERSPECTIVA HISTÓRICA
Y DETERIORO ESTRUCTURAL
La perspectiva histórica del Semáforo de Economías Regionales reveló que ocho de las diecinueve actividades relevadas permanecieron en situación crítica durante más de la mitad del período analizado. Este comportamiento evidencia problemas estructurales persistentes vinculados a competitividad, costos internos, presión tributaria, volatilidad cambiaria y dificultades de inserción comercial tanto en el mercado interno como en el externo.
La vitivinicultura aparece como la actividad con mayor permanencia en rojo, seguida por el arroz y los cítricos. En el caso del vino y mosto, el informe detalló que en marzo el precio promedio pagado al productor fue de $275 por litro, con una caída interanual del 22%.
A ello se suma una disminución del área cultivada y una reducción proyectada de la cosecha en las principales provincias productoras, mientras el consumo interno continúa retrocediendo.
En la actividad yerbatera, otro de los sectores más comprometidos, la tonelada de hoja verde se pagó alrededor de $220 mil, registrando una caída real del 23%. Aunque las exportaciones crecieron un 14%, la producción mostró una retracción del 4% y el consumo interno permaneció estable, sin capacidad para compensar la pérdida de rentabilidad de los productores.
El arroz también continuó exhibiendo indicadores preocupantes. El productor recibió en marzo $250 mil por tonelada, manteniendo prácticamente el mismo valor nominal respecto del año anterior, lo que implicó una pérdida significativa en términos reales frente a una inflación del 32,6%. Paralelamente, las proyecciones anticipan una caída del 15% en la superficie sembrada para la campaña 2025/26.
La situación del algodón evidenció otro cuadro de deterioro. El productor recibió en promedio $1.585 por kilogramo, con una variación interanual del 23%, por debajo de la inflación.
Además, la superficie sembrada cayó un 35% y las exportaciones retrocedieron un 15%, mientras las importaciones aumentaron un 39%, incrementando la presión externa sobre la actividad.
Señales mixtas
A diferencia de las actividades en rojo, el semáforo ubicó en verde a bovinos, ovinos, granos y miel. Estos sectores registraron precios por encima de la inflación, buen desempeño exportador y una evolución productiva favorable, aunque en algunos casos persisten alertas vinculadas al aumento de costos de insumos estratégicos como fertilizantes y combustibles.
En bovinos, el precio del novillito y del ternero acumuló incrementos interanuales cercanos al 80%, mientras las exportaciones crecieron 35%.
En granos, los precios aumentaron 37% interanual y la producción proyectada para la campaña 2025/26 alcanzaría 152.1 millones de toneladas, un 22% más que en la campaña previa.
La actividad apícola también mostró resultados favorables. El precio de la miel creció 52% interanual, por encima de la inflación, mientras las exportaciones aumentaron 32% y no se registraron importaciones. Asimismo, el stock de colmenas presentó un incremento del 14%, reflejando un escenario expansivo dentro del sector. Las actividades ubicadas en amarillo presentaron señales mixtas. Entre ellas aparecen forestal, tabaco, cítricos dulces, aves, porcinos y peras y manzanas. En estos sectores, aunque algunos indicadores productivos o comerciales resultaron positivos, los precios pagados al productor no lograron compensar plenamente el aumento de costos, prolongando los procesos de recuperación.
Pérdida de rentabilidad
El informe también analizó la participación del productor dentro del precio final que paga el consumidor en distintas cadenas agroalimentarias. Los resultados mostraron que en marzo la mayoría de las actividades registró caídas respecto de sus promedios históricos, reflejando un deterioro en la distribución del valor dentro de las cadenas productivas.
Entre los casos más significativos aparecen la yerba mate, la papa y el vino. En la actividad yerbatera, la participación del productor se ubicó en apenas el 13% del precio final, frente a un promedio histórico del 23%.
En papa, el productor recibió alrededor del 25% del valor de góndola, 11 puntos menos que el promedio histórico. En vino, la participación cayó al 17%, ocho puntos por debajo de los registros habituales.
En el caso del arroz, la participación del productor alcanzó el 15%, cinco puntos por debajo de su promedio histórico. El trigo también mostró una reducción de tres puntos porcentuales respecto de los valores históricos del mes de marzo, mientras las hortalizas exhibieron una caída más moderada, aunque igualmente negativa para los productores.
Las cadenas pecuarias también reflejaron retrocesos. En pollo, la participación del productor fue del 40%, frente a un promedio histórico cercano al 49%.
En bovinos y lechería, las participaciones se ubicaron en 58% y 26%, respectivamente, con pérdidas respecto de los valores habituales. Solo la actividad ovina logró mejorar su posición relativa, alcanzando una participación del 26%, superior al promedio histórico.
El informe explicó que las diferencias entre productos responden a la organización de cada cadena productiva. Las actividades con mayor nivel de industrialización, como vino, trigo y yerba mate, presentan una menor participación del productor debido a la cantidad de procesos intermedios hasta llegar al consumidor final. En contraste, productos con menor transformación industrial permiten una participación relativamente mayor del productor en el precio final.

