La Policía del Chaco y el Servicio Penitenciario Provincial registran al menos 646 pistolas calibre 9 milímetros extraviadas o robadas, según información oficial entregada por la Jefatura de Policía a partir de un pedido de acceso a la información pública realizado por el portal judicial Litigio.
Los datos surgen de un informe elaborado por la División de Arsenales del Departamento Logística, que reúne denuncias de armas sustraídas o extraviadas desde los primeros registros conservados por la fuerza hasta 2026.
El relevamiento muestra que sólo entre 2016 y 2026 desaparecieron 195 armas reglamentarias, lo que equivale a casi una cada tres semanas durante la última década.
La solicitud de información fue presentada el pasado 4 de mayo al amparo de la Ley 2486-A de Acceso a la Información Pública de la Provincia del Chaco.
Entre otros puntos, se requirió información discriminada por año, dependencia de origen, procedimientos disciplinarios iniciados y destino de las armas recuperadas.
La Asesoría Letrada de la Jefatura intervino mediante el Dictamen N° 1471/26, firmado por la comisaria abogada Mariela Amanda Thomas, y derivó el requerimiento a la División de Arsenales. La respuesta llegó el 18 de mayo mediante un informe firmado por el subcomisario Sergio Gómez, jefe de esa dependencia.
Sin embargo – publicó Litigio – la contestación fue parcial. El documento sólo detalla las armas denunciadas como robadas o extraviadas y sus fechas de registro, pero omite información sobre recuperaciones, sanciones administrativas, investigaciones internas y dependencias involucradas.
LA MAS
«DESAPARECIDA»
La pistola Browning calibre 9 milímetros encabeza ampliamente el listado histórico de armas robadas o extraviadas. De las 646 armas registradas, 392 corresponden a ese modelo, lo que representa más del 60 por ciento del total. Le siguen las pistolas Hi-Power, con 139 casos; las Bersa, con 46; las Detective, con 39; las Tanfoglio, con 26; y las Taurus, con 4.
La predominancia de la Browning puede explicarse, en parte, porque fue durante décadas el arma reglamentaria más utilizada por la Policía del Chaco. Sin embargo, el fenómeno atraviesa distintos modelos y períodos históricos.
Los registros incluyen denuncias que se remontan a las décadas de 1970 y 1980 e incluso contienen algunas fechas claramente erróneas —como varias registradas en 1905—, lo que evidencia problemas en la calidad de los datos conservados por la fuerza.
DE LARGA DATA
Aunque el pedido de acceso a la información se concentró en el período 2016-2026, el registro histórico entregado por la División de Arsenales permite observar que las pérdidas y robos de armas reglamentarias no son un fenómeno reciente.
El año con mayor cantidad de armas desaparecidas de todo el relevamiento fue 2001, cuando se registraron 36 casos. Le siguieron 2015 y 2019, con 28 armas cada uno, mientras que 2011, 2017 y 2021 contabilizaron 27 casos.
La serie histórica muestra además que los episodios de extravío o sustracción se mantuvieron de manera constante durante más de dos décadas. Entre 1999 y 2002 se registraron 102 armas desaparecidas, una cifra que revela que el problema ya tenía una magnitud significativa mucho antes de los procesos de modernización y renovación de armamento implementados en años recientes.
Los datos también permiten identificar una fuerte concentración temporal. Entre 2010 y 2019 se contabilizaron 238 armas robadas o extraviadas, el período de mayor incidencia de todo el registro disponible.
UNA DÉCADA
El análisis de los registros comprendidos entre 2016 y 2026 permite dimensionar la magnitud actual del problema. Durante ese período desaparecieron al menos 195 armas reglamentarias. El año con mayor cantidad de casos fue 2019, con 28 armas robadas o extraviadas. Le siguieron 2017 y 2021, con 27 casos cada uno, mientras que 2016 registró 25.
El promedio para todo el período es de 17,7 armas por año. Los registros más recientes exhiben una disminución: 16 casos en 2023, 9 en 2024, 5 en 2025 y 3 en 2026. No obstante, los últimos años podrían encontrarse incompletos debido a la fecha de elaboración del informe.
Lo que no se informó
La respuesta oficial deja sin contestar algunos de los aspectos más relevantes del pedido de acceso a la información.
No se informó cuántas de las armas denunciadas fueron posteriormente recuperadas ni cuál fue su destino. Tampoco se detalló si las armas recuperadas regresaron al servicio activo o fueron dadas de baja.
La Policía tampoco indicó las dependencias a las que pertenecían los efectivos involucrados en cada caso, lo que impide determinar si existen unidades con niveles anormalmente altas en pérdidas.
Otro dato ausente es el referido a las sanciones disciplinarias. El informe no menciona si se iniciaron sumarios administrativos, investigaciones internas o medidas disciplinarias contra los agentes responsables de la custodia de las armas desaparecidas.
La omisión resulta especialmente relevante porque la pérdida o sustracción de armamento reglamentario constituye una de las faltas más graves que puede enfrentar un integrante de una fuerza de seguridad.
La Asesoría Letrada había advertido en su dictamen que la información debía suministrarse “siempre y cuando no se especifiquen datos que impliquen revelar información sensible”, una salvedad que en los hechos terminó traduciéndose en una respuesta incompleta frente a un asunto de evidente interés público.
Cada arma reglamentaria que desaparece representa mucho más que una irregularidad administrativa. Se trata de pistolas semiautomáticas de alta capacidad de fuego, diseñadas para uso policial y capaces de provocar daños letales. Son, en definitiva, elementos particularmente valiosos para organizaciones criminales o para su utilización en hechos de violencia.
En una provincia atravesada por preocupantes índices de violencia letal y de género, el destino de 195 armas policiales desaparecidas en apenas once años constituye una pregunta de evidente interés público.
Por ahora, la información oficial sólo permite saber cuántas armas faltan. No dónde están, quiénes fueron responsabilizados por su pérdida ni cuántas pudieron ser recuperadas.
El dato más inquietante es que el problema no aparece como un fenómeno aislado ni reciente. El récord histórico de 36 armas desaparecidas en 2001, seguido por décadas enteras con niveles sostenidos de pérdidas, muestra que el control del armamento estatal constituye una deuda persistente de las fuerzas de seguridad provinciales.

