El aumento sostenido de los casos de tuberculosis en la Argentina volvió a instalar la enfermedad entre las principales preocupaciones sanitarias del país. De acuerdo con el último Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), hasta la semana epidemiológica 22 de 2026 se notificaron 6.482 casos, una cifra que representa un incremento del 71,6% respecto de 2020 y que refleja una tendencia ascendente sostenida durante los últimos años.
Dentro de ese escenario, el Nordeste Argentino figura entre las regiones que más contribuyeron al crecimiento de los casos durante el año.
El BEN indica que el NEA registró 45 casos más que en el mismo período de 2025, equivalente a un incremento del 10%, ubicándose únicamente por detrás de la región Centro en cuanto al aporte al aumento nacional de la enfermedad.
Entre las provincias de la región, Chaco aparece como una de las jurisdicciones con mayor tasa de notificación del país. El informe oficial señala una incidencia de 39,3 casos cada 100 mil habitantes, integrando un grupo conformado además por Salta, la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Jujuy y Formosa, que presentan los valores más elevados de notificación.
Los datos epidemiológicos también muestran que la enfermedad afecta principalmente a la población económicamente activa. Más del 60% de los diagnósticos corresponde a varones de entre 15 y 44 años, un segmento en el que se concentra la mayor cantidad de casos registrados durante el período analizado.
Frente a esta situación, el Ministerio de Salud de la Nación reforzó el abastecimiento de insumos destinados al diagnóstico temprano de la enfermedad. Desde diciembre de 2025 distribuyó 40.500 cartuchos para diagnóstico molecular en siete jurisdicciones, entre ellas el Chaco, además de casi 2.870 dosis de Derivado Proteico Purificado (PPD), utilizado para realizar la prueba cutánea de Mantoux destinada a detectar la exposición a la bacteria causante de la tuberculosis.
El Boletín Epidemiológico Nacional atribuye el crecimiento sostenido de los casos a una combinación de factores. Entre ellos menciona la persistencia de condiciones sociales y sanitarias que favorecen la transmisión de la enfermedad y la recuperación de las tareas de búsqueda, detección y diagnóstico que habían disminuido durante la pandemia de Covid-19.
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el bacilo de Koch. Puede prevenirse mediante la aplicación de la vacuna BCG al momento del nacimiento y dispone de tratamientos antibióticos eficaces para lograr la curación.
No obstante, continúa representando un importante problema sanitario y, según el informe oficial, provoca en promedio una muerte cada siete horas en la Argentina.
Diagnóstico y prevención
En ese contexto, la médica infectóloga y coordinadora del Programa Provincial de Control de la Tuberculosis del Chaco, Silvia Beatriz Altabe, en declaraciones a LA VOZ DEL CHACO, destacó la importancia de mantener vigente el tema en la agenda sanitaria y social para favorecer la prevención y el acceso oportuno al tratamiento. «Es un tema que está vigente, que siempre lo estuvo, pero ahora tiene mayor difusión y, además, los números generan preocupación.
Aprovechamos esta situación para hablar de la tuberculosis, que es lo que hace falta. Conocer la enfermedad permite prevenirla y curarla, porque es necesario cortar las cadenas de contagio», afirmó la especialista.
Altabe también se refirió a los informes difundidos en medios nacionales sobre la pérdida de seguimiento de pacientes y el incumplimiento de los tratamientos.
En ese sentido, remarcó que la situación no debe interpretarse como una responsabilidad individual de quienes padecen la enfermedad, sino como parte de una problemática sanitaria que requiere un abordaje sostenido. «En informes de medios nacionales se habla de pérdida de seguimiento y de la falta de cumplimiento de los tratamientos. Eso no significa que la responsabilidad sea del paciente.
Son tratamientos prolongados y resulta difícil sostenerlos. Lo que esto demuestra es un problema que siempre estuvo presente y que, si no se mantiene visible, termina reflejándose en el aumento de los casos», expresó.
La profesional explicó que la prevención se basa en la consulta médica temprana, el diagnóstico oportuno y el estudio de las personas que pudieron haber estado expuestas al contagio.
Asimismo, destacó que la enfermedad cuenta actualmente con tratamientos eficaces que permiten alcanzar la curación. «Es una enfermedad que puede prevenirse mediante la consulta médica, especialmente con una consulta precoz. También es fundamental tratar a las personas diagnosticadas, lograr su curación y estudiar a quienes pudieron haber estado expuestos.
Además, es una enfermedad curable, algo que no ocurría en siglos pasados. La tuberculosis siempre acompañó a la humanidad, pero hoy contamos con herramientas para curarla. Parece que nos olvidamos de que existe», señaló.
Por otro lado, Altabe insistió en la necesidad de fortalecer la difusión de información sobre la enfermedad y de promover el reconocimiento de los síntomas para favorecer la consulta temprana.
Según explicó, conocer las formas de transmisión y los métodos de diagnóstico constituye una herramienta fundamental para reducir los contagios.
La infectóloga recordó que la tuberculosis se transmite por vía aérea, aunque aclaró que esa característica no debe generar alarma sino incentivar la consulta médica ante síntomas compatibles. También destacó que los estudios necesarios para arribar al diagnóstico son accesibles y poco invasivos.
Tratamiento y control
La especialista subrayó que los tratamientos para la tuberculosis se encuentran disponibles y remarcó que el principal objetivo de los programas sanitarios consiste en lograr diagnósticos precoces para iniciar la medicación en forma oportuna y cortar la transmisión comunitaria. «Los tratamientos están disponibles. Lo que buscamos es que las personas sean diagnosticadas a tiempo para que puedan acceder al tratamiento y curarse.
Al mismo tiempo, cuando una persona realiza correctamente el tratamiento, también se corta la cadena de contagio. Sin embargo, si el tratamiento no se completa, la enfermedad puede reaparecer», sostuvo.
Además del riesgo de recaída, Altabe advirtió que la interrupción de los tratamientos favorece el desarrollo de formas resistentes de la enfermedad, lo que representa una mayor complejidad para los equipos de salud y para los propios pacientes. «Otro problema que surge cuando los tratamientos no se completan es la aparición de formas resistentes a los antibióticos.
Seguramente se ha escuchado hablar de la resistencia a los antibióticos; ocurre en muchas enfermedades y también en la tuberculosis. Eso obliga a utilizar tratamientos diferentes y más complejos», manifestó.
La infectóloga precisó que el tratamiento habitual para la tuberculosis tiene una duración mínima de seis meses y que existen alternativas terapéuticas para los casos de resistencia, las cuales requieren una evaluación específica antes de su indicación. «La tuberculosis se trata durante seis meses como mínimo. En algunos casos puntuales, cuando existe resistencia, también puede tratarse con otros medicamentos específicos.
Sin embargo, esos tratamientos no son iguales para todos los pacientes, porque dependen del antibiograma y de estudios microbiológicos que permiten determinar cuál es la medicación más adecuada», explicó.

