Karina Winckler trazó un duro diagnóstico sobre la situación de la seguridad vial en el Chaco y advirtió que circular diariamente por las rutas de la provincia se ha convertido, en muchos casos, en una experiencia de riesgo permanente.
Winckler, quien recorre habitualmente las rutas chaqueñas por razones laborales, señaló especialmente las dificultades que observa en la circulación por las rutas nacionales 11 y 16. Según expresó, al deterioro o las deficiencias de infraestructura se suman conductas imprudentes de los propios conductores.
«Están cada vez más peligrosas, se podría resumir. Ahí entra la infraestructura, el comportamiento de quienes transitamos por allí y todo lo que quieras ponerle, porque la verdad que es un sobrevivir diario», sostuvo en declaraciones a Radio Libertad.
Exceso de velocidad, sobrepasos y
falta de empatía
La referente de Ficvi puso especial énfasis en algunas de las conductas que, a su entender, se han naturalizado en las rutas y que incrementan considerablemente el peligro.
«La ruta 11 especialmente es compleja por el exceso de velocidad, el sobrepaso y el encandilamiento. Yo me manejo mucho de madrugada y por la noche, y la verdad que es complejo», describió.
Pero su preocupación no se limita a los automóviles. Winckler remarcó la vulnerabilidad de quienes circulan en motocicleta y pidió recuperar una mirada más humana sobre las víctimas y los usuarios de la vía pública.
«Me duele ver motociclistas, personas en motos, porque a veces nos olvidamos que son personas. Son personas que se trasladan por distintos motivos, con mucha precariedad, y también hay una falta de empatía en general», expresó.
Para Winckler, la violencia vial debe entenderse en un sentido mucho más amplio que la conducción bajo los efectos del alcohol o el exceso de velocidad.
«Violencia es un poco todo. Muchas veces creemos que violencia es manejar con exceso de velocidad o conducir estando alcoholizado, pero violencia también es ese sobrepaso por lugares que no corresponden, el encandilamiento, el no respeto de la norma y también la forma en que nos tratamos entre nosotros en la vida pública», afirmó.
«Cuando hay
una víctima
de tránsito,
lo demás falló»
La dirigente sostuvo que también constituye una forma de violencia la falta de condiciones adecuadas de seguridad y, especialmente, la ausencia o demora en la asistencia a las víctimas.
«Violencia también es no tener una infraestructura perdonadora, como decimos nosotros, y violencia especialmente es la no asistencia a las víctimas de tránsito», afirmó.
En ese sentido, consideró que cada persona afectada por un siniestro vial debe ser entendida como la consecuencia de una cadena previa de fallas.
«Cuando hay una víctima de tránsito, es un reflejo de que todo lo demás falló, y no podemos ser indiferentes a eso», remarcó.
Winckler también planteó la necesidad de revisar los mecanismos mediante los cuales se otorgan las licencias de conducir y el nivel de capacitación de quienes posteriormente circulan por las calles y rutas.
«Si hay desconocimiento de aspectos básicos de las normas de tránsito, de las prioridades, por ejemplo, entonces es un llamado a revisar cómo se están extendiendo las licencias de conducción», señaló.
La referente cuestionó la falta de una aplicación uniforme de los criterios para la obtención de licencias y advirtió que no todos los conductores atraviesan los mismos procesos de evaluación. «Cuando hablamos de licencias, en la Argentina en general hacemos agua», resumió.
El impacto sobre
el sistema de salud
Otro de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con la enorme presión que los siniestros viales generan sobre el sistema sanitario.
Winckler se refirió a información conocida recientemente sobre la alta participación de motociclistas en los hechos viales y su impacto en los hospitales chaqueños. En ese marco, mencionó datos de establecimientos de salud de la provincia y estudios epidemiológicos realizados sobre la atención de personas lesionadas.
Según relató, en un encuentro mantenido años atrás con autoridades hospitalarias, se le informó que un establecimiento de referencia llegaba a atender alrededor de 500 personas por mes vinculadas a siniestros de tránsito.
«Estamos hablando de aproximadamente 16 por día, para tener una idea», explicó.
La dirigente sostuvo que estos números permiten dimensionar un problema que no solamente se traduce en fallecimientos y lesiones, sino también en una creciente demanda de ambulancias, recursos prehospitalarios, insumos y personal especializado.
Durante la entrevista se mencionó que una parte muy significativa de los recursos prehospitalarios se destina a atender situaciones derivadas de hechos que, en gran medida, podrían prevenirse.
«Sabemos que es evitable, entonces hay que hacer lo que hay que hacer», sostuvo Winckler al insistir en la necesidad de fortalecer las políticas públicas de prevención.
«La Argentina no tiene estadísticas oficiales
de lesionados»
Según explicó, esta situación quedó expuesta en encuentros internacionales vinculados a los observatorios viales, donde Argentina aparecía sin información consolidada sobre personas lesionadas.
La referente relató que, posteriormente, desde organismos nacionales le informaron que se trabaja en la construcción de esos datos, aunque existen dificultades para coordinar y cruzar la información proveniente de las diferentes jurisdicciones y de los sistemas de salud.
Para Winckler, el desafío consiste en articular los datos de la Policía u otros organismos que intervienen en el hecho con la información que posteriormente registran los hospitales.
«Hay que empezar a ver cuántos lesionados también tenemos, porque eso nos va a posicionar en un lugar donde nos va a exigir decisiones», sostuvo.
A su entender, conocer solamente el número de muertes no permite medir en toda su dimensión las consecuencias sociales, sanitarias, económicas y familiares de la siniestralidad vial.

