«Nos mandan mucha menos plata», «no funciona el comedor», «casi no hay comida», «no alcanza», «es una situación límite», «nos obligan a mentir»: expresiones que reproduce el diario La Nación y que se repiten en escuelas rurales del Chaco manifestadas por directores y docentes que prefieren preservar su identidad por temor a posibles represalias.
Todos coinciden en señalar que la asistencia alimentaria escolar atraviesa un escenario complejo y que las dificultades para sostener las prestaciones se profundizaron durante el presente ciclo lectivo.
Palabras que describen una realidad en la que la alimentación brindada en las escuelas constituye, para numerosos alumnos, la principal comida del día.
Los educadores consultados sostienen que la reducción de recursos impacta directamente en la cantidad y calidad de los alimentos disponibles y aseguran que la situación genera una creciente preocupación dentro de las comunidades educativas.
Las voces recogidas en distintos parajes del interior chaqueño señalan además que las dificultades no son recientes. Según relatan, durante los últimos meses elevaron notas, pedidos formales y reclamos a las autoridades competentes con el objetivo de exponer las dificultades que enfrentan los establecimientos. Sin embargo, afirman que no obtuvieron respuestas satisfactorias.
El problema adquiere una dimensión particularmente sensible en zonas rurales y comunidades vulnerables, donde la escuela cumple un papel central no solo en la educación, sino también en la contención social y alimentaria de niños y adolescentes.
Los docentes remarcan que la demanda crece mientras los recursos disponibles resultan insuficientes para cubrir las necesidades existentes.
La preocupación expresada por los trabajadores de la educación se relaciona tanto con la alimentación cotidiana de los estudiantes como con las consecuencias que observan en la salud, el bienestar y el desempeño escolar de quienes concurren diariamente a los establecimientos.
LA REDUCCIÓN DE RECURSOS Y SUS EFECTOS EN LAS ESCUELAS
Irma Duarte, directora de la EEP 601 del paraje Lalelay, en la zona de Tres Isletas, manifestó su preocupación por la situación que atraviesa la institución que dirige. «No hubo ningún tipo de explicación sobre esta medida de reducción del comedor. Mandamos una nota al Ministerio de Desarrollo Humano con varios directores y para ellos supuestamente alcanza.
No sé en dónde ven los precios ellos. En los pueblos pagamos casi el doble los productos alimentarios», expresó.
La directora explicó que, ante las limitaciones presupuestarias, la comunidad educativa debió reorganizar el funcionamiento del servicio alimentario. Tras una reunión con padres y miembros de la cooperadora escolar, resolvieron garantizar el desayuno todos los días y ofrecer almuerzo únicamente los lunes, miércoles y viernes.
«Nosotros optamos sí o sí por el desayuno. Se nota mucho que los chicos a las 11 ya preguntan por la comida y a las 11.30 ya no te prestan más atención. Es algo muy doloroso porque te dicen ‘haga el desayuno que tengo hambre porque ayer no comí nada’. Y vos no sabés qué hacer.
Estamos en una situación muy difícil porque son los chicos los que sufren», relató Duarte al describir las situaciones que presencia cotidianamente en la escuela.
La directora sostuvo además que las posibilidades de elaborar comidas variadas prácticamente desaparecieron. «Es imposible darles otra cosa. Verduras, muy poco. Un morrón o una zanahoria. Fruta, nada», afirmó al referirse a las restricciones que enfrentan para adquirir alimentos frescos.
EL APOYO DE LAS COMUNIDADES
Jerónimo Chemes, fundador de la organización solidaria La Chata Solidaria, aseguró que recibe con frecuencia pedidos de ayuda provenientes de escuelas de la región. Según explicó, las instituciones recurren a las donaciones para complementar la alimentación de los estudiantes cuando los recursos disponibles resultan insuficientes.
«Si bien hay un cumplimiento en la transferencia de los fondos a las escuelas, no son suficientes porque son montos muy bajos para cubrir las comidas de los chicos.
Eso hace que recibamos, permanentemente, pedidos de los directores para hacer un refuerzo de mercadería. La escuela de Ojos de Agua que el año pasado no tenía asignado comedor hoy sí tiene, pero por menos chicos de los que corresponde. El sistema funciona, pero a los tumbos», señaló.
La percepción de insuficiencia también es compartida por representantes de cooperadoras escolares. Ariel Sánchez, presidente de la cooperadora de la Escuela 961 de paraje Central Norte, afirmó: «Aumentó mucho el precio de la mercadería y la gente está endeudada».
Desde distintos establecimientos rurales se describe un contexto en el que las familias, docentes y organizaciones sociales realizan aportes complementarios para sostener el funcionamiento de los comedores y garantizar que los alumnos reciban algún tipo de asistencia alimentaria durante la jornada escolar.
Los testimonios reflejan que, en numerosos casos, la cooperación comunitaria se transformó en una herramienta indispensable para compensar las limitaciones presupuestarias y atender necesidades crecientes dentro de poblaciones caracterizadas por altos niveles de vulnerabilidad social.
La distancia entre los papeles y la realidad
En una carta fechada el 15 de mayo, integrantes del Colectivo Docentes de El Impenetrable Chaqueño describieron las dificultades que enfrentan en establecimientos con mayoría de estudiantes pertenecientes al pueblo wichí. «Muchos niños llegan a la escuela con necesidades básicas insatisfechas y el plato de comida que reciben en la institución representa, en muchos casos, la única alimentación importante del día», señalaron.
Los docentes firmantes de la carta también expusieron las dificultades operativas que enfrentan. «A esto se suma otra problemática que venimos sosteniendo hace años: la falta de personal. En muchas escuelas no contamos con porteros ni cocineras.
Somos los propios docentes quienes debemos cocinar, limpiar, servir la comida, mantener la escuela en condiciones y, al mismo tiempo, cumplir con nuestra tarea principal, que es enseñar», expresaron.
Las críticas alcanzan, además, los procedimientos administrativos vinculados a la rendición de gastos y al cumplimiento de los menús exigidos oficialmente.
Asimismo, Irma Duarte sostuvo: «Ellos mandan un menú totalmente descabellado e imposible de cumplir. El problema es lo que nosotros tenemos que rendirle al gobierno. Nos obligan a mentir con que el menú es supervariado y nutritivo pero es imposible darles una milanesa, empanadas o pizza a los chicos».
Otro director de Tres Isletas describió una situación similar al señalar: «Este año solo podemos mirar qué figura en la planilla, pero no en el plato del alumno».
Según explicó, las diferencias entre los requerimientos oficiales y las posibilidades reales de compra generan una brecha cada vez más difícil de sostener.
Escuelas sin fondos
La situación de la EEP N° 890 del paraje Sol de Mayo constituye uno de los casos más preocupantes mencionados por la comunidad educativa. Según explicaron sus responsables, los alumnos no recibieron alimentación escolar desde el inicio del ciclo lectivo debido a inconvenientes administrativos vinculados con la tarjeta destinada al comedor. «Nadie se hizo cargo. Todos los días averiguamos y nos dicen que la tarjeta está en trámite. Nosotros llamamos a la subsede educativa de Fuerte Esperanza y eso pasa al ministerio. No es solo nuestra institución sino que hay varias en El Impenetrable que están en la misma situación. Los chicos están saliendo una hora antes de clases porque no están recibiendo el almuerzo y están menos tiempo en la escuela», afirmó Claudio Santillán, encargado administrativo.
En otras escuelas rurales, los responsables describen escenarios similares. El director de una institución de Tres Isletas expresó: «Un total de $800 diarios es un valor que no solo es insuficiente, sino que resulta hasta cómico. Para complementar eso, hay padres que colaboran con tortas o pan casero y docentes que muchas veces ponen de su bolsillo para que ningún alumno se quede sin su ración».
Antonio Salvatierra, presidente de la cooperadora de la Escuela de los Padrinos Rurales de Miraflores, también advirtió sobre dificultades vinculadas a la cobertura alimentaria. «La escuela solo recibe para 150 alumnos porque están pagando la mitad que el año pasado», indicó respecto de una institución que atiende a 300 estudiantes entre sede principal y anexo.

