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    Sociedad

    Emilio Matamoros: «A Matamoros debemos cómo suenan los músicos que interpretan son»

    6 de noviembre de 2026
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    El director del histórico Septeto Matamoros y nieto del legendario compositor cubano Miguel Matamoros, entrevistado por LA VOZ DEL CHACO, evocó los orígenes de la agrupación, fundada en 1925, y el aporte decisivo de su abuelo a la evolución del son cubano y la creación del bolero-son, con composiciones universales como «Lágrimas negras» y «Son de la loma». También recordó la huella de Compay Segundo y la proyección internacional de Buena Vista Social Club, reflexionó sobre el desafío de sostener aquella herencia mediante la renovación artística, los nuevos arreglos y las herramientas digitales, sin alterar la esencia rítmica y musical que identifica al Septeto Matamoros, y reivindicó el valor patrimonial del son cubano como expresión de un siglo de historia, memoria y transmisión generacional, cuya continuidad asume desde su propia trayectoria familiar y artística.

    Por Facundo Sagardoy
    Para LA VOZ DEL CHACO

    La música de los pueblos guarda una memoria que atraviesa generaciones, cruza los mares y encuentra nuevos corazones donde volver a vivir.
    Emilio Matamoros, director del histórico Septeto Matamoros y nieto del legendario compositor Miguel Matamoros, lleva consigo esa herencia nacida en Santiago de Cuba en 1925.
    En una entrevista con LA VOZ DEL CHACO, reconstruyó la historia de una familia que transformó la música popular cubana al unir la trova con el son y dar origen al bolero-son.
    De aquella creación surgieron canciones que hoy forman parte de la memoria musical de Nuestra América. «Son de la loma» y «Lágrimas negras» condensan ese legado, junto con la huella de Compay Segundo, sus doce años junto a Miguel Matamoros y la proyección internacional que Buena Vista Social Club otorgó a los grandes intérpretes de la tradición cubana.
    A tres décadas de haber retomado la conducción del septeto, Emilio Matamoros continúa escribiendo ese capítulo familiar y artístico. Su tarea reúne la transmisión de una herencia centenaria, la incorporación de nuevas composiciones, los arreglos musicales y las herramientas digitales que acercan el son a las nuevas generaciones.
    En esa continuidad, «Lágrimas negras», estrenada en 1930, conserva una extraordinaria vitalidad y encuentra nuevas voces en distintos idiomas y géneros, como una canción que reúne la tristeza, la alegría y las emociones compartidas de los pueblos.
    El viernes 13 de noviembre, el Septeto Matamoros llegará a Corrientes para prolongar ese encuentro entre culturas.
    En este diálogo, su director reconoce en esta tierra la calidez de Santiago de Cuba, la presencia del río y una sensibilidad que hermana ambas orillas. Allí, entre guitarras, voces y percusiones, un siglo de música volverá a encontrarse con el presente.

    -El histórico Septeto Matamoros, portador del patrimonio cultural, a tantos años de historia, tantas emociones, tantos amores contados a través de sus canciones, llega a la región.
    -Estamos muy alegres de visitar nuevamente aquellos pagos, como dicen acá, y viendo todo el movimiento que hemos tenido por allá, por Corrientes y por el Chaco, para esta gran fiesta cubana en Corrientes, el 13 de noviembre.
    -Imposible no hablar de los orígenes de una historia que es la historia de la música cubana, como usted señala, y de Miguel Matamoros, ¿no?, uno de los grandes creadores de la música popular cubana. ¿Qué recuerdos, qué relatos, qué enseñanzas recibió de sus mayores en aquella época, Emilio? ¿De qué manera ese legado también marca su identidad hoy como músico?
    -Sí, señor. Nosotros tenemos ya 100 años de historia cultural musical cubana. Empezamos en 1925, con mi abuelo Miguel Matamoros y el Trío Matamoros; después, con el Septeto Matamoros, que es como el conservatorio de la música cubana. Ahí pasaron Compay Segundo, de Buena Vista Social Club; Benny Moré; Lili Martínez y todos los grandes de la música cubana que han sido parte de las leyendas de nuestra música.
    Para nosotros es un regocijo importante. A pesar de que la música cubana no tiene escuela como cátedra o instituto, se transmite de generación en generación, y eso es lo importante.
    Por eso perdura, porque nosotros nacemos oyendo música inspirada en estos géneros del bolero, el bolero-son, el son, la guaracha, el chachachá, el mambo. Todo eso enriquece nuestra forma de ser los cubanos, de ser alegres.

    Una herencia musical que recorre el mundo

    -2026 es una fecha que nos encuentra a 30 años de aquella decisión que lo impulsó a usted personalmente a esta nueva etapa del Septeto Matamoros. ¿Cómo nació aquella decisión? Este año no es un año que pase desapercibido…
    -Exactamente. En el 94, con Compay Segundo, que era compadre de mi abuelo Miguel Matamoros, nos vimos en un festival de la trova en Santiago de Cuba que se hace todos los años y ahí me dijo: «Coño, Matamorito, ¿por qué tú no te dedicas nuevamente a hacer el recorrido musical?». Dije: «Bueno, dale, voy a intentar», porque en aquel entonces yo era licenciado en Física y Matemáticas y tenía la música de generación en generación, de peñas y como hobby, hasta que en el 96 profesionalicé esta conducción de estos 30 años del Septeto Matamoros.
    Hasta ahora nos ha ido muy bien en estos 30 años, con muchos álbumes, giras internacionales, videos y documentales. He retomado realmente la formación, enriqueciéndola un poco también con temas míos, sin perder los patrones matamorinos de la música de Matamoros dentro de nuestro septeto e incorporándole nuevos temas, pero sin perder la tradición.
    -Agradezco muchísimo la reflexión y también esa característica: el patrón matamorino. Eso es algo que nos queda como reseña. Miguel Matamoros le dejó composiciones que atravesaron generaciones: «Lágrimas negras», «Son de la loma», «El que siembra su maíz». ¿Cuál considera usted que fue su aporte? ¿Quién mejor que usted para decir cuál fue su contribución a la vasta música latinoamericana y qué elementos de su creación siguen presentes en los músicos contemporáneos, que son muchísimos por todo el mundo?
    -Exactamente. Primeramente, el son nació de Matamoros, al unir la trova con el son, aquellos versos, porque antes el son era muy primitivo y se desarrollaba a través de un estribillo que no tenía una composición normal y formal. En la fiesta se bailaba con un estribillo y ahí se ponían a hacer versos.
    Matamoros, como era trovador también, en su primer son, que fue Son de la loma, le incorporó dos versos y ahí empezó el aporte de Matamoros, que unió la trova con el son. Así es como sonamos nosotros. Ahora le debemos a Matamoros cómo suenan todos los músicos cubanos e internacionales que interpretan el son. También su aporte fue que unió el bolero con el son y dio origen a un nuevo género, el bolero-son, con su gran tema Lágrimas negras, que ha sido interpretado por miles y miles de músicos de fama, de poca fama y de otras latitudes, en varios idiomas, etnias y estilos.
    Así que ese es el aporte de Miguel Matamoros, aparte de Lágrimas negras: unas 200 composiciones que han sido interpretadas por varios artistas. He llegado a países y me han dicho: «¿A que tú no te sabes este tema?», y ha sido un tema de Matamoros que en Cuba no fue famoso, pero sí en otros lugares. Ese es el aporte que veo desde mi punto de vista como músico y familiar de Miguel Matamoros, que realmente diversificó todos sus géneros, porque no solamente hizo bolero, son y guaracha, sino también jarabe y tangosón. Por ahí me siento satisfecho y alegre de mantener vivo este patrimonio cultural musical.

    El son cubano, identidad y memoria de América

    -Como usted señala, el son cubano constituye un patrimonio musical de Cuba y de toda la humanidad, y entre lo que acaba de decir también se encuentra la salsa como una de sus raíces fundamentales. ¿Quién mejor que usted, nuevamente, para decirnos qué distingue al son de esas expresiones caribeñas y por qué considera importante preservar sus características originales frente a las transformaciones de la industria musical?
    -Sí. Está lindo que al son ahora lo llamen salsa. Yo no me opongo, pero realmente son estilos. La salsa es un estilo del son, porque si tú le quitas la clave a la salsa, ya no se sabe ni qué es. Todo lo que tenga clave es son, tocado en diferentes estilos, pero el patrón rítmico y armónico se encuentra ahí, desde el piano, la clave y la percusión menor, aunque el cantante cante en otro estilo.
    En la base está el son cubano; el patrón rítmico es son cubano. Nadie puede negar las raíces, le llamen timba, salsa o lo que sea, más allá de toda la digitalización y de todos los instrumentos de máquina. Todos son cubanos y ahí está siempre el son como esencia. Pasa también con otros ritmos, como el chamamé. El son fue declarado el año pasado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco porque realmente se demostró que todo lo que se hace alrededor del son es son cubano: los colombianos, los puertorriqueños y los de todos los países.
    No hay otra alternativa porque el género es un patrón rítmico y armónico; lo demás son arreglos o fusiones. Pienso que con el chamamé pasa lo mismo: el patrón rítmico y armónico está ahí, y después cómo lo canten es problema del intérprete o de la agrupación.
    -Quisiera dedicar unos minutos a recordar a otro grande de esta historia, que es Compay Segundo, y a Buena Vista Social Club. Compay integró durante 12 años el Septeto Matamoros bajo la dirección de su abuelo.
    -Exactamente.
    -¿Qué significó para la historia de la agrupación la presencia de un artista de semejante dimensión y cómo vivió el fenómeno internacional de Buena Vista Social Club, que le devolvió un protagonismo mundial a los grandes intérpretes de la música tradicional cubana?
    -Así mismo. A Buena Vista Social Club le agradezco sinceramente este boom porque estábamos un poco olvidados en Cuba. El son cubano estaba olvidado dentro de Cuba, no se le daba tanta dimensión en los medios, era más bien barrial; no había un lanzamiento internacional ni nacional de las agrupaciones o artistas como Ibrahim Ferrer o Compay Segundo, que estaban un poco abandonados. Gracias a Ry Cooder, Juan de Marcos y Eduardo Rosillo, decidieron unir a todas estas personas grandiosas de la música cubana e hicieron Buena Vista Social Club. Compay Segundo estuvo 12 años con mi abuelo Miguel Matamoros y enriqueció el septeto.
    En ese momento tocaba el clarinete porque el Septeto Matamoros era de clarinete, no de trompeta; en aquel momento la trompeta no existía en esos formatos. El primer sexteto que se formó fue el Sexteto Habanero y no tenía trompeta; después vino el Septeto Matamoros, con Compay Segundo y clarinete.
    Hay que destacar el aporte de los instrumentos de viento dentro de los septetos. Para mí fue un orgullo. Siempre veía a Compay Segundo en La Habana o en Santiago de Cuba y siempre me daba muy buenos consejos.

    «Lágrimas negras», 95 años
    de una canción sin fronteras

    -Quiero hacer un apartado especial sobre la vigencia de «Lágrimas negras», esta composición de Miguel Matamoros que se convirtió en una de las canciones más reconocidas de Nuestra América y que hoy es interpretada por artistas de distintos géneros y generaciones. ¿Quién mejor que usted, director del Septeto Matamoros, para decirnos qué tiene esta obra en particular que continúa emocionando al público como el primer día y explora tantos lenguajes musicales sin perder su esencia?
    -Exactamente. Lo primero fue que se trató de un tema diferente en aquella época, un bolero-son, porque antes era bolero o son. Matamoros dijo: «Vamos a hacer un nuevo género, el bolero-son; de una crónica triste vamos a hacer después algo alegre que se baile». Por ahí viene la doble vara del tema, que empieza diciendo que tú me quieres dejar y que te vas, y después, con el estribillo, se levanta el número haciendo algo humorístico de la tristeza. Eso pega de generación en generación.
    La obra tiene 95 años, pero se ha interpretado en bachata, reguetón y salsa. Bebo y Cigala la fusionaron con el flamenco, y la canción se adapta a cualquier género, ritmo e idioma. Son canciones que tienen algo psicológico que atrae por ser tan sencillas y profundas a la vez. No hay disco o fiesta en Cuba donde no se termine cantando Lágrimas negras.
    -Y quiero agregar el dato: interpretada por primera vez en 1930, ya hace 95 años, porque la canción habita el corazón de todo aquel que la ha oído alguna vez, ¿no?
    -Exactamente. El fenómeno no ha muerto; es una canción crónica de cualquier época y eso es lo importante.

    Patrimonio cultural de los pueblos

    -¿Qué significa para usted que una canción nacida en Santiago de Cuba continúe encontrando nuevos públicos en escenarios tan distantes de todo el mundo y que, a su paso, se encuentre también con Corrientes?
    -Para nosotros es una satisfacción ir por el mundo y ver cómo a la juventud le gusta este tipo de música, la disfruta y la valora, sobre todo porque no se estudia en una cátedra o en un libro. Hace dos días me metí en TikTok y vi un vivo de una muchacha colombiana que, al ver al Septeto Matamoros, no lo podía creer y me mandó un audio agradeciéndome.
    En Chile, en el Caupolicán, una joven de 18 años me abrazó al saber que era Matamoros. Vemos en las estadísticas de las plataformas digitales que la música la escuchan jóvenes de 18 a 35 años, y la tecnología es un buen instrumento para saber qué repertorio llevar a cada lugar.
    -Una pregunta más, porque lo que acaba de señalar es muy importante. Usted tuvo el legado de su familia sobre sus hombros y también, en el plano académico, se dedicó a estudiar la partitura para hacer los arreglos y adaptarla a los tiempos que corren. Además, ha sido miembro votante del Latin Grammy y ha recibido importantes reconocimientos. ¿Hacia dónde va y qué significa para usted todo este camino? ¿Qué mensaje, como artista, elige que trascienda desde el escenario?
    -Primero, saber adónde uno quiere ir y defender los sueños de uno, aprender cada día más y actualizarse. La tecnología ahora es tan importante para los artistas porque no se requiere de una disquera grande para tener remuneración e invertir en sus creaciones.
    Las redes sociales y las plataformas digitales son instrumentos que permiten a los artistas promocionarse sin necesidad de afiches como antes. Les digo a los artistas que utilicen mucho las redes porque el arte requiere inversión. Para mantener este legado con un nuevo diseño acústico sin perder la esencia del son cubano, hay que acudir a una buena tecnología, mantener la perseverancia, una buena actitud ante la vida y ser humilde.
    -Muchísimas gracias por estos minutos para hablar sobre la historia de su familia, el legado de la música de Cuba, la preservación del son y las grandes expectativas en esta tierra que lo recibe con un gran abrazo. El público ya está haciendo del son parte de su corazón antes de la llegada del Septeto Matamoros. Un abrazo grande.
    -Un abrazo a todos los lectores, la audiencia y nos vemos el viernes 13 de noviembre, a bailar, guarachar y recordar a la hermosa Cuba, porque Corrientes y el Chaco se parecen mucho a Santiago de Cuba en lo cálido y en el río. Nos vamos a sentir como en casa. Muchísimas gracias, un abrazo grande y fuerte.

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