El comunicador, gestor y curador asumió la dirección de ArteCo 2026 en el Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes, enfrentando el desafío de articular arte, mercado y museo como ejes interconectados en una región donde la tradición y el saber artesanal moldean el territorio. Entrevistado por LA VOZ DEL CHACO, destacó al ejercicio de la curaduría como una guía precisa, capaz de organizar y generar sentido, y a la feria como un territorio híbrido, en el que la región proyecta su lenguaje y su identidad hacia nuevos horizontes.
Por Facundo Sagardoy
Para LA VOZ DEL CHACO
Marcelo Dansey desembarca en ArteCo 2026 con un mapa vivo entre las manos. No traza límites: dibuja corrientes. Arte, mercado y museo laten como tres ríos que se encuentran, mezclan sus aguas y empujan una misma deriva.
Su historia nace en el nordeste, donde la forma guarda memoria y la materia respira linaje. Allí, lo artesanal arde como brasa encendida, los saberes viajan de mano en mano y las creencias tejen un cielo de símbolos.
Luego, el trayecto se abre hacia Buenos Aires: pasillos, instituciones, salas. Cada paso suma capas; el origen sostiene el pulso.
En diálogo con LA VOZ DEL CHACO, Dansey habla como quien recuerda un paisaje que sigue creciendo. Describe una escena cargada de espesor, donde cada obra porta huellas, donde el símbolo germina y la materia piensa. El arte se vuelve cuerpo, territorio, respiración.
La feria toma forma de sitio específico: un territorio dentro de otro territorio. Un museo que respira como mercado, un mercado que se ordena como museo. La curaduría actúa como brújula y relato: selecciona, orienta, construye sentido con la precisión de quien arma constelaciones.
ArteCo 2026 se alza como puente y como trama. Los nombres se enlazan, las voces se reconocen, la región despliega su cartografía hacia otros horizontes. El Nordeste irradia su lenguaje, sostiene su raíz y proyecta su eco en una conversación que se expande.
Así transcurrió parte del diálogo.
-Marcelo Dansey, curador de Arte Co. 2026. En el marco de una nueva edición de la Feria de Arte 2026, su designación, Marcelo, como curador abre un campo de expectativas en torno a los sentidos que atraviesan la propuesta artística este año. Con una trayectoria que combina periodismo especializado, gestión cultural y curaduría, se plantea en esta oportunidad una articulación entre el territorio, la memoria y el mercado, con especial énfasis en la construcción de un patrimonio contemporáneo desde el nordeste argentino. En esta entrevista se intentará abordar ejes conceptuales de su trabajo, las decisiones curatoriales y algunos desafíos para pensar la Feria de Arte en clave regional. Antes, Marcelo, muchas gracias por el tiempo que va a dedicar a esta entrevista; se lo agradecemos muchísimo. ¿Cómo se fue configurando ese recorrido profesional entre periodismo, curaduría y gestión cultural?
-Gracias, Facu, gracias por la invitación. Es muy importante la difusión y que se pueda hablar públicamente del trabajo que estamos haciendo con todo el equipo, con Lourdes y con Fabricio Escobar, el director del museo. La verdad es que estoy muy contento.
Pero, bueno, tu pregunta era sobre mi camino, cómo llegué desde el periodismo. Bueno, fui periodista. Empecé, a ver, ¿en qué año? En el 97 o 98. Comencé en LA VOZ DEL CHACO. Después, soy chaqueño, pasé por Diario Norte. Estuve ocho años en Diario Norte. Trabajé también como prensa para el Superior Tribunal de Justicia del Chaco y, en 2010, me mudé a Buenos Aires. Estaba trabajando para Clarín como corresponsal desde acá, en cultura, y me estaba yendo bien, tenía la oportunidad de seguir trabajando ahí, así que me mudé a Buenos Aires con mis hijos. Fue todo un desafío. Un poco lo que pasó fue que siempre me interesó la cultura, siempre me interesaron las artes visuales, específicamente.
Me fui deslizando hacia policiales cuando trabajaba en Diario Norte y luego me fui desplazando nuevamente hacia el campo cultural, en particular hacia las artes visuales. Cuando me instalé en Buenos Aires, me fui vinculando con un circuito de crítica y, con unos amigos, fundé la revista Sauna, que era una revista digital de crítica de arte. Hicimos bastante ruido en su momento.
En paralelo a eso, también empecé a trabajar más activamente como curador, escribiendo textos para artistas, y ese fue un poco mi pasaje. Después trabajé también dentro del ámbito de la gestión pública o gestión cultural: trabajé en el Ministerio de Cultura de la Nación. Empecé en 2016, primero en un programa de promoción del arte que se llamó Plataforma Futuro, que fue un programa muy interesante, tanto en su idea como en el desarrollo de proyectos, y que fue una gran experiencia para mí. Luego pasé a trabajar en el MICA (Mercado de Industrias Culturales), donde creamos el sector de las artes visuales.
Empecé a trabajar en ese ámbito dentro de las industrias culturales, lo cual fue un desafío, porque generalmente no se considera a las artes visuales como parte de ellas. Así que se trató, en parte, de generar este sector nuevo. Básicamente, mi trabajo allí fue acompañar el desarrollo y la proyección de ferias, galerías y proyectos comerciales dentro del arte. Estuve trabajando allí diez años. Actualmente estoy trabajando en el Museo Nacional de Bellas Artes: integro el equipo de Andrés Duprat. Y, bueno, ese es más o menos mi recorrido.
-¿Qué momentos o experiencias considera decisivos en la construcción de tu mirada sobre el arte contemporáneo, Marcelo?
-Está bien, me gusta tu pregunta, porque tiene mucho que ver con Arte Co y con la escena de Chaco y Corrientes. Bueno, cuando era más chico, naturalmente me fui vinculando con amigos artistas, galerías, proyectos, bares y talleres.
Entonces creo que toda la década del 90, sobre todo, y hasta 2010, cuando viví acá, esas dos décadas, digamos, participé activamente de la escena local. Fueron mis primeros pasos, mis primeras experiencias dentro de lo que es el arte contemporáneo.
Yo podría decir que tuve una «madre» y un «padre»: Mati Obregón y Diego Figueroa. O, en realidad, ninguno de los dos fue literalmente mi padre o mi madre, pero son dos amigos con los que he aprendido mucho de esto y dos grandes artistas. Esa fue mi primera experiencia. Después, cuando empecé a vivir en Buenos Aires, me fui insertando en otra escena, que tiene un lenguaje particular y prácticas específicas.
Empecé a mirar con perspectiva lo que había pasado acá. Digo «lo que pasó» porque para mí ya era pasado, en el sentido de que era una experiencia anterior. Entender esas dos maneras de funcionar, y también otras -porque dentro del Ministerio de Cultura, como te digo, recorrí mucho: anduve por la Patagonia, por Córdoba, por Rosario-, que son polos importantes con características propias. Pero, bueno, a lo que iba es que, a lo largo de todo este tiempo, fui pensando mucho qué es lo que pasa acá, en el nordeste argentino, que tiene mucho que ver también con el Paraguay y con el sur de Brasil. Tratar de entender qué es lo particular, qué es lo distinto. Creo que es muy distinto.
Te diría que, así como a un norteamericano o a un europeo en general le puede costar entender el arte argentino -porque es muy distinto a lo que se ve afuera y tiene un lenguaje propio-, lo mismo pasa acá a nivel país, a nivel federal. Son prácticas distintas y conceptos distintos los que se manejan en ciudades como Buenos Aires, Córdoba o Rosario, en comparación con Corrientes, el Chaco, Misiones o Formosa. Eso, básicamente. Y si querés, te puedo decir qué pienso sobre lo que pasa acá. Me parece que el arte local tiene tres ejes muy importantes. Uno tiene que ver con lo artesanal: no se pierde la mano. Los aspectos conceptuales del arte no desplazan lo artesanal, como sucede en otros campos. Acá, lo artesanal sigue siendo muy importante.
Lo que se hace con las manos tiene una relación directa con los saberes, con las prácticas heredadas, con lo que se ve en el entorno, con las técnicas. También tiene que ver con las creencias. Tiene mucho que ver con las creencias.
Casi te diría que el arte local es menos conceptual que en otros lugares y bastante más artesanal.
Está muchas veces más cerca del amuleto o del payé que de una pintura o una escultura en términos clásicos, académicamente hablando.
Transformaciones de la mirada crítica en la gestión pública
-¿De qué manera su origen en el Nordeste Argentino influye en tu manera de proyectar lo curatorial? Era un poco la pregunta anterior, en relación con lo que me dijiste sobre Mati, etcétera. Creo que también tiene algunos referentes. ¿Qué teóricos, artistas o curadores marcaron su forma de pensar el arte? Y le preguntamos, además, ¿qué tensiones o diálogos se encuentran entre su rol como crítico y como curador, por ejemplo, en la práctica?
-Y como gestor público, sí, hay tensiones. Bueno, yo hice mi carrera como crítico, como comunicador y como divulgador, y mi opinión subjetiva pesaba mucho. Cuando empecé a trabajar en programas públicos, cuando comencé en el Ministerio de Cultura de la Nación, claramente algo hizo un clic dentro mío y tuve que hacer una reconfiguración personal, que fue difícil y me llevó tiempo.
Tenía que ver con adoptar otra mirada, una mirada más abarcativa. Artistas que antes no me interesaban, pero que hacían un buen trabajo, empezaron a participar más: los incluí de algún modo en las acciones que emprendía, porque entendía que había una figura -sobre todo al participar el Estado- que tenía que ser más amplia, más abierta, tenía que integrar más. Eso ya pasó hace bastante tiempo: algo hizo clic dentro mío.
Entonces, a veces puedo tener una mirada más crítica, más personal, más analítica, que muchas veces reservo a mis escritos, a mis notas o a conversaciones privadas, en la intimidad, y una mirada más política, más abierta, que tiene que ver con la función pública, por decirlo de algún modo.
Tensiones entre mercado, institucionalidad
y producción simbólica
-Ahora, pasando a la curaduría de ArteCo 2026. ¿Cuál es el punto de partida conceptual para pensar esta curaduría para la Feria de Arte Contemporáneo de Corrientes?
-Bueno, el hecho de que la feria transcurra en un museo -digamos, una actividad comercial en un museo— es algo poco frecuente y que, hasta cierto punto, puede ser cuestionado. Entonces, aceptamos esa tensión que existe entre el mercado y el museo, entre el espacio museográfico institucional y la lógica comercial.
Si la feria se va a hacer en un museo, considero que tiene que ser bajo las reglas, las leyes del museo: que no se pierda la mirada crítica, que no se pierda la perspectiva histórica más allá de la actividad comercial.
Entonces, básicamente, considero que esta es una feria de sitio específico, es decir, una feria que se da en un edificio, en un marco, en un espacio determinado, que tiene sus propias reglas, su propia trayectoria y sus propios condicionamientos.
Es una feria de sitio específico que se da en un museo y que transcurre entre tres ejes que yo llamo arte, mercado y museo. Todo el formato de la feria fue pensado a partir de eso, la convocatoria fue formulada a partir de ese criterio. Es un juego -me gusta verlo como un juego- en el que se tienen que integrar estos tres conceptos y tienen que convivir. En algunos espacios se impone uno, el mercado; en otros, el museo; pero en todos convive el arte.
Ferias como dispositivos
de integración cultural
y económica
-¿Qué criterios orientan la selección de galerías y artistas para esta edición?
-Bueno, parte de la idea de que sea una feria de sitio específico. El comité de selección de proyectos fue concebido con una mirada museográfica. Te cuento quiénes son nuestros jurados: tenemos un jurado de lujo.
Está Roberto Echen, que es el director artístico del Museo de Rosario Castagnino Macro, uno de los mejores museos del país; una figura fundamental en la construcción de un relato museográfico.
También está Nancy Rojas, curadora de Malba; Fredi Cascos, curador de la Colección Texo del Paraguay, una gran colección de arte con altos estándares de calidad -Freddy es un capo, un lujo tenerlo acá-; Andrea Geat, investigadora de la Unne, quien trabajó activamente en la gestión de las colecciones del Museo Provincial de Bellas Artes de Chaco (Muba). Es decir, son todos especialistas en museos.
Y además hay dos artistas: una artista de gran trayectoria santafesina, Claudia Del Río, que también ha desarrollado importantes trabajos y proyectos dentro de museos, y Maya Navas, una artista joven correntina que conoce mucho el territorio, que recorre mucho la escena y que, además, es una genia como artista y como gestora; fue la creadora del Festival Play. Conoce muy bien la escena local. Entonces, creo que con ese mix de perfiles se realiza la selección de proyectos.
-¿Qué lugar ocupa, en la escena del NEA, el diseño general de esta feria?
-ArteCo fue pionera como feria en la región, pero hoy tenemos la feria del Chaco y la feria de Salta, que ya tienen su trayectoria y han generado sus propios polos, sus núcleos en sus provincias. Creo que se trata de integrar.
Hay grandes instituciones que están activas en la escena: hoy la escena correntina y la del Nordeste –el Chaco y Corrientes, sobre todo- están muy fortalecidas por espacios y por instituciones. Hay muy buenas galerías que ya tienen su trayectoria. Creo que, en ese sentido, el desafío de ArteCo es poder integrar todas esas redes, esa comunidad. Ese es, sin duda, el gran desafío de la feria: poder integrar toda esa trama.
-Hay una historia dentro de las ferias y también dentro del arte contemporáneo; hay una trayectoria. ¿Qué novedades o rupturas propone esta edición en relación con años anteriores?
-Le contaba a mi padre el proyecto y me decía: «Vos querés cambiar las cosas de Corrientes, que es más fácil cambiar las cosas en el Vaticano». Sí, la verdad es que hay, por un lado, un gran respeto por la tradición: hay un trabajo muy importante hecho por quienes estuvieron antes.
Yo creo que, en general, Gabriel Romero ha sido un gran gestor cultural, un lujo para Corrientes, y es el gran responsable de toda la vida cultural activísima, sobre todo de la escena de las artes visuales, junto con toda la gente que trabajó con él, con Fernanda Toccalino, a la cabeza. Entonces, hay una gran trayectoria y un camino recorrido, pero también me parecía interesante y, incluso, divertido poder cambiar un poco las reglas.
Básicamente, la convocatoria a artistas, galerías y colectivos fue planteada como un juego: que sus propuestas dialoguen con las obras del museo, que sus proyectos dialoguen con la construcción de una colección pública. Entonces, la sección principal, que se llama «Piezas de museo», invita a que las galerías presenten obras que podrían formar parte de la colección.
Después hay otra sección, «Tiendas de valores y maravillas», que apunta a la cuestión del mercado, a la economía del arte, a una economía viva que se basa en los vínculos, en el intercambio simbólico, en el valor simbólico de las cosas y en las redes solidarias. Luego está una sección clásica de ArteCo, la de artistas independientes, que ahora tiene la particularidad de que puede ser presentada por una galería. Es decir, una galería puede presentar el proyecto de un artista independiente, como una categoría que busca mostrar trayectoria y peso.
A esto lo llamamos «solo show», que es la manera en que, internacionalmente, se denomina a una muestra individual. Estas son las tres categorías: «Piezas de museo», «Tiendas de valores y maravillas» y «Solo show». Como te dije, me gusta la idea de pensarlo como un juego para que galerías, colectivos y artistas puedan presentarse.
-¿Cómo imagina el impacto de esta edición a mediano y largo plazo? ¿Qué le gustaría que el público -especializado o general- se lleve de esta experiencia?
-Primero, que la gente se acerque, que venga a ver. Es una excelente oportunidad para conocer lo que está pasando y tomarle el pulso a la escena del nordeste, y también del país. Me parece importante que la gente se acerque, que compre, que invierta: hay muy buenas oportunidades, hay obra accesible.»Por otro lado, tengo la ilusión de que venga gente de todo el país.
De hecho, van a venir coleccionistas de Paraguay, de Buenos Aires, de Rosario, de Córdoba. Muchos ya han venido porque esta es la octava edición de ArteCo, pero también vendrán a conocer lo que está pasando acá. Estoy seguro de que les va a gustar.
Además, hay un plus: la ciudad es muy linda, la gente tiene muy buenos modos, los correntinos son grandes anfitriones. Tengo la ilusión de que vengan, que disfruten, que les encante la experiencia y que quieran volver.
-Muchísimas gracias, Marcelo.
-Muchas gracias a vos, Facundo.
El mercado del arte
en la política cultural
-¿Qué estrategias considera necesarias para fortalecer la visibilidad de los artistas de la región?
-Que una provincia ofrezca una plataforma como esta feria, para mostrar y vender lo que se produce a costo cero, es una gran política de Estado. Siempre cuento el caso de mi padre: es ganadero y abogado, completamente ajeno al mundo de la cultura.
Yo trabajé toda mi vida en arte y nunca le interesó demasiado lo que hacía: nunca fue a una muestra mía ni leyó un texto mío. Sin embargo, en la primera ArteCo a la que fue, compró una obra.
Mi hijo decía: «El abuelo no tiene arte en su casa, tiene cuadros de vacas y caballos», como si eso no fuera arte. Bueno, en ArteCo compró su primera obra -en realidad, la primera había sido una de Diego Figueroa años antes-, y después siguió: al año siguiente compró otra, luego otra en la feria del Chaco.
Con el tiempo fue afinando el ojo. Incluso me consultaba, me mandaba fotos, aunque también compró cosas que a mí no me interesaban. Pero en la última feria del Chaco, a partir del proyecto «Hechizo natal», compró un Alberto Ibarra, que es una obra de gran nivel.
Fijate lo que genera una feria: creó un nuevo mercado, un nuevo coleccionista, alguien que fue educando su mirada con el tiempo. Eso es saludable para todos: para el artista, para el galerista, para el público. Incluso en la negociación aparecen otras dimensiones, más humanas, más ricas.

