El sector panadero chaqueño atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. A los aumentos constantes en las materias primas y los servicios se sumó una marcada caída del consumo que golpea directamente a las panaderías tradicionales. En ese contexto, el Centro de Industriales Panaderos del Chaco anunció una nueva suba de entre el 5% y el 6% en los productos panificados y advirtió sobre la pérdida de rentabilidad, la competencia desleal y el deterioro del poder adquisitivo de los consumidores.
El presidente de la entidad, Alejandro López, sostuvo que la situación del sector “viene muy complicada” y explicó que las panaderías se ven obligadas a trasladar los incrementos de costos a los precios finales para evitar trabajar a pérdida.
“Venimos de aumentos tras aumentos. Si bien el INDEC marca una inflación, no es la que nosotros estamos viendo ni percibiendo”, afirmó López en diálogo con La Voz del Chaco. El dirigente señaló que los incrementos impactaron prácticamente en todos los insumos esenciales para la producción diaria.
“Subieron las materias grasas, las levaduras, la harina, los aditivos, los salarios, los impuestos, la luz y el agua. La verdad es que todo viene aumentando y no nos queda otra que trasladar los precios porque nuestros márgenes de ganancias son cada vez menores”, expresó.
Caída de productos masivos
La advertencia del sector se produce en un escenario económico donde, pese a algunos indicadores de desaceleración inflacionaria, el consumo masivo continúa en retroceso. Según el último relevamiento de la consultora Scentia, las ventas de productos de consumo masivo registraron en abril una caída interanual del 3,8%, mientras que el acumulado de 2026 mostró una baja del 3,3%.
El informe reflejó además que los comercios de cercanía y kioscos fueron los rubros más afectados, con una retracción del 4,8%, mientras que supermercados y mayoristas cayeron un 4,5%. Para los analistas, estos números exponen que la recuperación económica todavía no logra traducirse en una mejora concreta del poder de compra de las familias.
Baja demanda
Ese contexto repercutió de lleno en las panaderías. Aunque históricamente el pan fue considerado uno de los alimentos básicos y más accesibles de la mesa familiar, los industriales aseguraron que la demanda también se redujo de manera significativa.
“Hace ya un tiempo que nos viene castigando la baja de ventas. Cada vez tenemos menos producción”, indicó López. Y agregó: “Si bien estamos entrando en nuestra temporada alta, estamos produciendo mucho menos que el año pasado, así que sí se siente la baja del consumo y la falta de poder adquisitivo”.
El referente del sector explicó que muchos consumidores comenzaron a priorizar opciones más económicas frente a la pérdida de ingresos reales. Según sostuvo, esa situación favoreció el crecimiento de emprendimientos informales que comercializan productos elaborados en domicilios particulares y a través de redes sociales.
“Yo calculo que la gente, al no tener poder adquisitivo, escoge ir a esos panes más económicos y seguimos siendo los castigados nosotros”, lamentó.
Competencia deseleal
y sanidad
La problemática de la competencia informal apareció como otro de los principales reclamos de los industriales panaderos. López advirtió que el crecimiento de ventas mediante grupos de redes sociales y plataformas digitales derivó en una expansión de elaboraciones clandestinas que, según afirmó, operan sin habilitaciones ni controles sanitarios.
“Hay que empezar a controlar, porque si vamos a abrir panaderías en las casas y hacerlo vía redes sociales es una competencia desleal directa”, sostuvo.
En ese sentido, explicó que las panaderías habilitadas deben afrontar numerosos costos vinculados a controles bromatológicos, inspecciones municipales, registro de empleados y medidas de higiene alimentaria.
“Nosotros tenemos exigencias a nivel municipal, controles bromatológicos, controles de plagas y muchos factores que tienen un costo. Y si esas panaderías caseras no tienen esos controles ni esos gastos, entonces compiten en desigualdad”, remarcó.
El dirigente también puso el foco en la seguridad alimentaria y expresó preocupación por la falta de fiscalización sobre los productos elaborados fuera del circuito formal.
“No solamente es una competencia desleal a nivel de valores, sino que higiénicamente uno no sabe qué es lo que está comprando”, dijo. Y agregó: “No sabemos dónde tienen apoyada una bolsa de harina, cómo almacenan la grasa o el azúcar ni bajo qué condiciones trabajan”.
Para el sector, el problema excede lo económico y también involucra una cuestión sanitaria. Los industriales sostuvieron que las panaderías registradas deben cumplir exigencias estrictas para garantizar condiciones adecuadas de producción, algo que —según denunciaron— no ocurre en muchos casos de comercialización informal.
Mientras tanto, la presión de los costos continúa creciendo. López confirmó que el aumento anunciado rondará entre el 5% y el 6% en todos los productos panificados y explicó que el ajuste responde a la necesidad de cubrir los incrementos acumulados en insumos y servicios.
“Eso ya está estipulado dentro de nuestros costos. El combustible, la electricidad y el traslado de materias primas también aumentaron y todo eso impacta directamente”, explicó.
cambio del consumo
La suba del pan se sumó así a una serie de reajustes que afectaron durante los últimos meses a distintos productos básicos de la canasta alimentaria. Aunque la inflación mostró señales de desaceleración —con un índice mensual del 2,6% en abril— distintos sectores comerciales advirtieron que la estabilidad todavía no se refleja en una recuperación sostenida del consumo.
Los datos de Scentia mostraron además un cambio en las prioridades de compra de los consumidores. Mientras crecieron categorías como bebidas alcohólicas y sin alcohol, los productos asociados al desayuno y la merienda cayeron 7,6%, una tendencia que impactó directamente en las panaderías y confiterías.
También se registraron bajas en productos perecederos e impulsivos, reflejando una estrategia de ajuste en los gastos cotidianos de los hogares argentinos.
Canal de diálogo
En ese marco, López aseguró que las panaderías atraviesan una situación delicada y que muchos comercios apenas logran sostenerse. “Donde nos descuidamos, trabajamos a pérdida”, advirtió.El dirigente señaló además que la expectativa del sector pasa por abrir canales de diálogo con las autoridades provinciales y municipales para avanzar en controles sobre la informalidad y encontrar herramientas de alivio para las pequeñas y medianas panaderías.
“Esperamos poder juntarnos con las autoridades y trabajar en conjunto para combatir esta competencia desleal”, expresó.
a futuro
A nivel nacional, los especialistas señalaron que la economía atraviesa una etapa de “dos velocidades”. Mientras algunos sectores vinculados a la construcción o determinadas actividades financieras comenzaron a mostrar signos de recuperación, gran parte del mercado interno continúa debilitado.
En el caso específico de las panaderías, el escenario se vuelve aún más sensible debido a que el pan constituye un producto de consumo diario y un termómetro tradicional del poder adquisitivo de la población. Por eso, la caída en las ventas del sector aparece como uno de los indicadores más claros de las dificultades que todavía enfrentan muchos hogares para sostener sus hábitos de consumo.
Aunque desde la consultora Scentia señalaron que existe un moderado optimismo de cara a los próximos meses por la desaceleración inflacionaria, los industriales panaderos se mostraron cautos y afirmaron que todavía no observan señales concretas de recuperación en la actividad.
En ese contexto, el sector insiste en que la combinación entre inflación acumulada, caída del poder adquisitivo y crecimiento de la informalidad conforma un escenario difícil de sostener para los comercios tradicionales.
“La verdad es que venimos muy complicados”, resumió López al describir la actualidad de las panaderías chaqueñas.
Mientras tanto, los consumidores deberán afrontar en los próximos días nuevos incrementos en el precio del pan y otros productos derivados, en un escenario donde el ajuste del gasto familiar continúa condicionando las decisiones de compra y profundizando las dificultades de uno de los sectores más emblemáticos de la economía cotidiana.

